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La Asociación de
Abogados de Buenos Aires
y el Derecho de Daños
Dr. Beinusz
Szmukler
(Presidente de la AABA)
El primer Congreso Internacional de Derecho de Daños se
llevó a cabo en abril de 1989, en este mismo ámbito, al
igual que los 7 restantes. Nuestro primer agradecimiento
entonces a las conducciones de esta prestigiosa casa de
altos estudios por su permanente y valiosísimo apoyo.
Gracias Dr. Alterini.
El segundo al Comité Académico y al Comité Ejecutivo.
Nuestra más cálida bienvenida a todas y a todos, y en
especial a las y los colegas latinoamericanos, hermanados
en la lucha por una sociedad y un continente menos
injusto, más fraterno y solidario, que han venido a
enriquecer sus conocimientos, intercambiar experiencias, y
generar nuevas relaciones, y sobre todo a reflexionar
junto a nosotros sobre como alcanzar ese objetivo.
El objetivo de estos encuentros académicos es el de
analizar las diversas facetas de la responsabilidad
civil, con un enfoque moderno y progresista, colocando el
eje del debate en la protección del más débil por su
situación social o económica.
En los sucesivos congresos el temario se ha ido ampliando,
hasta cubrir una vasta gama de asuntos que exceden
generosamente el concepto clásico de responsabilidad
civil, adquiriendo una dimensión claramente
interdisciplinaria.
Desde abril de 1999, el Congreso Internacional de Derecho
de Daños se alterna con el Congreso Internacional de
Derechos y Garantías, organizado también por la Asociación
de Abogados de Buenos Aires, siempre en esta Facultad. En
abril de este año se realizó el V.
Ambas actividades se han convertido en una referencia
indispensable en el calendario académico de la abogacía
nacional e internacional, con el auspicio de entidades
profesionales y universitarias nacionales y la de la
Asociación Americana de Juristas. Su prestigio se advierte
navegando en Internet, para comprobar su cita como
elemento de valía en la currícula de distinguidos
juristas, y en la agenda de universidades, colegios de
abogados y otras instituciones.
Como se puede apreciar el temario de este congreso
incorpora nuevos temas o desarrollos más amplios de otros
tratados, es decir que amplía el universo de nuestros
intereses. No voy a entrar al análisis que harán los más
destacados conferencistas, expositores y panelistas, y a
los valiosísimos aportes que estoy seguro producirán todos
los participantes en comisiones y talleres, que
ensancharán el horizonte jurídico tanto académico como
profesional de cada uno de nosotros y de todos cuantos
accedan a la información de los trabajos y conclusiones en
el futuro.
Me toca el honor de inaugurar este Congreso en un momento
muy especial para la democracia argentina. La lucha
incansable de más de 20 años del movimiento de derechos
humanos, en la que la AABA tuvo una honrosa actuación, la
decisión política del Presidente Kirschner y la
jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia de la
Nación en su composición actual, han permitido romper con
la impunidad de los crímenes del terrorismo de estado,
generada por las leyes de punto final y obediencia debida
y los indultos de las cúpulas de las FFAA. En estos
momentos a lo largo y ancho del país, con diversas
dificultades, tramitan procesos contra los responsables
materiales e intelectuales de los crímenes de lesa
humanidad. Hace unos meses el Tribunal Oral de La Plata
condenó a prisión perpetua por esos crímenes, con el
importante añadido de ubicarlos en el marco de un
genocidio, a uno de los más sanguinarios, el ex Jefe de
Policia de la Bonaerense. Esta semana el mismo Tribunal ha
dictado idéntica condena en sentencia paradigmática contra
un sacerdote católico que con escarnio de su ministerio,
participó en esos crímenes y alentó a otros represores a
cometerlos.
Hay que celebrar esta victoria de la verdad y la justicia,
sin las cuales es imposible la construcción democrática.
Pero no podemos olvidar que la usurpación del poder y el
genocidio del 76/83, no fue una acción de criminales
malvados y locos, sino que respondió a un plan
sistemático de destrucción de la economía argentina en
beneficio del capital financiero y las
multinacionales, con beneficiarios con nombre y apellido.
Martinez de Hoz es, por lo menos, tan responsable como
Videla. Sin embargo a su respecto la impunidad es total.
En Setiembre de 1983 la Conferencia Nacional de Abogados
de la FACA aprobó por unanimidad una ponencia de la AABA
declarando que debían suspenderse los pagos de capital e
intereses de la monstruosa deuda externa que nos estaba
legando la dictadura, hasta tanto se determinara cual era
legítima y cual no. Lamentablemente lejos de ellos los
gobiernos constitucionales posteriores siguieron pagando y
renegociando esa deuda elevándola cada vez más, y
sometiendo toda su política económica y social a los
dictados del FMI y del BIRF, que ordenaron la aplicación
de los planes de ajuste destinados a satisfacerla.
Aunque tardíamente el juez Ballesteros que investigó la
deuda declaró que en la contratación de la misma y en las
refinanciaciones, los funcionarios que actuaron por la
Argentina, habían incurrido en manifiestas ilegalidades y
que el FMI era corresponsable.
El daño inflingido a nuestras sociedades, en toda
Latinoamérica, por las políticas de ajuste impulsadas
desde las instituciones financieras nacionales e
internacionales, han provocado muchas más víctimas que los
crímenes de lesa humanidad del terrorismo de estado. Y las
siguen provocando. Se trata de un plan sistemático, en
cuya instrumentación la responsabilidad del FMI fue
reconocida por su máxima autoridad de ese momento, Michael
Camdesus. En su visita a nuestro país, con total
hipocresía, se lamentó ante la prensa por el penoso
sacrificio para los pueblos provocado por los planes de
ajuste, pero, dijo, no había más remedio que aplicarlos
con más fuerza aún.
Ese daño inconmensurable a la niñez, la ancianidad, a los
hombres y mujeres que han visto, y ven afectada su salud,
su alimentación, su educación, sus condiciones de vida,
debe ser reparado por los que se beneficiaron con su
deterioro.
Hay que agregar también el daño social que genera la
corrupción de los funcionarios públicos.
Creo que los juristas democráticos y progresistas tenemos
una asignatura pendiente: la de aportar nuestro saber a
profundizar la lucha, débil todavía, contra la impunidad
de esos responsables, para lograr el reintegro de su
infame latrocinio y penalidades económicas accesorias
reparadoras, en la medida de lo posible, del daño
ocasionado.
Asumamos el compromiso que para el próximo Congreso ese
sea el tema central, y que cada uno de nosotros comience a
investigar y elaborar desde ya su contribución.
Les deseo el mayor de los éxitos en vuestras
deliberaciones.
Muchas gracias.
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