IX Congreso Internacional
 de Derecho de Daños
Derecho Tecnológico
 

Buenos Aires, 10, 11 y 12 de octubre de 2007- Facultad de Derecho - Univ. de Buenos Aires
Organiza: ASOCIACION DE ABOGADOS DE BUENOS AIRES

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Perspectivas éticas y jurídicas de las Tecnologías Convergentes
Dr. Atilio A. Alterini (Decano de la Facultad de Derecho-UBA)
Presentador:  Horacio Acebedo

Audio: P104 Atilio Alterini.mp3 (6,1 MB 00:26:00)
Texto completo (doc)

Y ¿qué hacen actualmente los intelectuales? Los intelectuales han dejado de pensar. Ulrich Beck, “Libertad o capitalismo”.

 

PERSPECTIVAS ÉTICAS Y JURÍDICAS
DE LAS TECNOLOGÍAS CONVERGENTES
 

por Atilio Aníbal Alterini (*)

 SUMARIO. 1. La rueda y su secuela. 2. El siglo XXI y las tecnologías convergentes: a) Informática; b) Biotecnología; c) Nanotecnología; d) Cognociencia. 3. Perspectivas éticas y jurídicas. 4. Tiempo de pensar.

1. La rueda y su secuela 

           1.- La incorporación de cualquier tecnología produce cambios, tanto en la sociedad[i] como en la economía y en el Derecho[ii], y “las nuevas técnicas de una época aparecen en los museos de otra”[iii].

           Podría denominarse Derecho Tecnológico al área comprensiva de las repercusiones en lo jurídico de la totalidad de los inventos y desarrollos científicos y técnicos producidos a lo largo de los tiempos que, en coincidencia con la Mundialización, derivaron en la que algunos denominan Era Tecnológica[iv] como modo de designar el perfil de los asombrosos avances que arrancaron en la década de los años ’50 del siglo XX en el marco del fenómeno generalmente rotulado como Globalización

            2.- La rueda fue inventada hace 40 siglos en Sumeria y permitió trasladar más fácilmente cosas o personas. Mucho después fue inventado el vehículo, un instrumento formado principalmente por ruedas y un habitáculo central destinado a conducir cosas o personas, impulsado por tracción humana o animal. En 1886 Karl Benz patentó en Berlín el primer vehículo movido por un motor a explosión, que era un triciclo con un pequeño motor de un solo cilindro. En 1896 circuló en Detroit el primer automóvil con motor de gasolina conducido por su constructor, Henry Ford, que en 1908 lanzó el Ford T, con un motor de 4 cilindros y 20 caballos de potencia, del cual se produjeron 15.007.034 unidades, marcando un récord recién superado en 1972 por el Escarabajo de Wolkswagen; en Buenos Aires, en el Barrio de la Boca, la Ford fabricó 100 mil unidades de aquel modelo. En 1907 se sancionó la ley 5.315 ‑resultante de un proyecto del ingeniero Emilio Mitre‑ que aplicó una proporción de los ingresos de los ferrocarriles a la construcción de caminos.

            En 1824 el inglés George Stephenson construyó una locomotora de vapor siguiendo la idea que había propuesto Richard Trevichick en 1801. En 1830 se habilitó la línea Liverpool-Manchester para el transporte de pasajeros y de carga con locomotoras de vapor. El 29 de agosto de 1857 circuló entre la Estación del Parque (hoy Teatro Colón) y San José de Flores un tren arrastrado por “La Porteña”, una pequeña locomotora fabricada en Inglaterra, veterana de la guerra de Crimea, que llevaba 2 vagones. En Argentina el ferrocarril tuvo un desarrollo vertiginoso entre 1906 y 1915, y su sistema llegó a ocupar el décimo lugar en el mundo con cerca de 47.000 kilómetros de vías.

            En marzo de 1662 ‑a instancias de Blas Pascal‑ el Duque de Rouanes consiguió autorización del Rey Luis XIV para hacer circular en París vehículos de transporte público traccionados por caballos, con capacidad para 8 pasajeros. La denominación ómnibus nació en la ciudad de Nantes: a principios del siglo XIX Étienne Bureau utilizó un vehículo para transportar a sus empleados entre dos establecimientos, el cual estacionaba delante de la sombrerería de un tal Omnès, donde había un letrero en el que se leía Omnes omnibus (o sea, sugería que la sombrerería de Omnès era para todos), y los usuarios se habituaron a decir “Yo tomo el ómnibus”. Un antiguo médico y coronel del ejército imperial francés, Stanislas Baudry, por la misma época puso en servicio unos vehículos derivados de las diligencias que podían transportar 15 pasajeros, incluido el cobrador ‑que circulaban entre el centro de Nantes y los baños termales (los Bains de Richebourg) de su propiedad sitos en los suburbios‑, y en 1828 inauguró una empresa en París que hacía el recorrido de la Bastilla a la Madeleine y al Carrousel, a la que denominó Entreprise Générale des Omnibus.

En Buenos Aires, hacia 1928, en los fines de semana varios taxistas transportaban 6 pasajeros en cada automóvil, con una tarifa reducida y con recorrido fijo, saliendo de Plaza de Mayo o el Hipódromo de Palermo. A partir de esa idea, el carpintero Ángel Di Césare y el taxista Alejandro Castelvi prolongaron con maderas y lonas un taxímetro e introdujeron en Buenos Aires el colectivo, que en realidad había nacido 14 años antes, en Los Ángeles, donde se denominaba popularmente como jitney al Ford T que cargaba 5 pasajeros y hacía recorridos fijos con una tarifa única, en competencia con el tranvía[v].

El tranvía a tracción de sangre comenzó a funcionar en Gran Bretaña en 1807, y a partir de 1852 se aplicó el invento de Alphonse Loubat de incrustar las vías en el pavimento. Luego aparecieron el tranvía con motor de vapor y el tranvía con motor eléctrico, el primero de los cuales circuló en Lichterfelde, Alemania, en 1881. 

            3.- El invento de la rueda posibilitó así que milenios después se desarrollara el transporte terrestre como hoy lo conocemos, empleándose vehículos cada vez más confortables y más rápidos con el consiguiente ahorro de tiempo[vi]. En la Unión Europea hay un automóvil cada dos habitantes, en los Estados Unidos de América hay 4 automóviles por cada 5 habitantes. El incremento del número de vehículos, de sus niveles de utilización y de su tamaño, que incrementa correlativamente el consumo de combustible, produce una cada vez mayor difusión de dióxido de carbono, hidrocarbono, monóxido de carbono y óxido de nitrógeno resultantes del proceso de combustión, de modo que el automóvil es el primer factor de polución ambiental[vii].

            El automóvil es también un factor primordial de siniestralidad. En el año 1889 en Estados Unidos hubo un solo muerto debido a un accidente de tránsito pero, según la Organización Mundial de la Salud, a causa de esos accidentes en el mundo actualmente mueren cada año 1,2 millones de personas, y 400 mil de ellas son jóvenes menores de 25 años; de 20 a 50 millones más sufren traumatismos o discapacidades. En Argentina se producen más de 20 muertes por día y 120 mil heridos al año. De tal modo la principal causa de muerte de jóvenes de entre 10 y 24 años no es el SIDA, ni el cáncer, ni cualquier otra enfermedad, sino los accidentes de tránsito.

            Más allá de lo terrible de esa masacre persistente, los accidentes de tránsito provocan graves problemas para los sistemas de salud y las economías en general. En el mensaje para la Primera Semana Mundial sobre la Seguridad Vial de las Naciones Unidas (abril de 2007) el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-mon,[viii] señaló: “Las muertes y lesiones causadas por el tránsito también suponen una enorme carga para los sistemas internos de atención sanitaria y las economías nacionales en general. El problema es aún más agudo en las regiones donde los jóvenes constituyen una parte importante de la población. Por término medio, las lesiones causadas por el tránsito cuestan a los países de ingresos medios y bajos más de un 1% del producto nacional bruto. Por todos esos motivos, las lesiones causadas por el tránsito son un importante obstáculo para el desarrollo”. En efecto, se calcula que los accidentes de tránsito tienen un costo mundial de 518 mil millones de dólares por año, y que en los países de ingresos bajos y medios su costo representa 100 mil millones de dólares, cifra superior al monto total recibido por esos países en asistencia para el desarrollo. 

4.- El Estado adoptó desde siempre medidas de prevención para evitar la siniestralidad, declarando en otros tiempos propósitos de protección de la persona humana, y orientándose últimamente por criterios economicistas en boga que tienden a evitar la pérdida de horas de trabajo y a no incrementar los costos sociales resultantes de los sistemas de salud y de la mayor actividad de los servicios de policía y de administración de justicia[ix]. En la época de Augusto se habían producido en Roma casos de peatones atropellados en las calles, por lo cual ‑en el marco de las reformas urbanísticas llevadas adelante por Agripa- se crearon zonas peatonales en las que el tránsito de vehículos quedaba restringido a las horas de la noche. La ley del tránsito 24.449 requiere ciertas condiciones de seguridad para los vehículos y dispone que antes de ingresar en la vía pública el conductor debe verificar esas condiciones; además hace obligatorio el uso del cinturón de seguridad, que fue inventado por la Volvo en 1956. Los fabricantes también fueron incorporando elementos de seguridad en los vehículos[x]. La primera autopista con dos carriles para cada sentido de circulación fue trazada en 1932 entre las ciudades alemanas de Bonn y Colonia. 

            5.- Diecisiete siglos antes de Cristo las leyes 271 y 272 del Código de Hammurabi se refirieron al precio en la locación de carros. Las Leyes de Manú 291 a 298 impusieron multa en caso de que se produjeran daños por culpa o por descuido del cochero o cuando éste era torpe, pero eximieron de ella en casos de rotura de las bridas, el yugo, las cinchas, el cabestro, las riendas, el eje o la rueda, así como si el coche volcaba a causa de la desigualdad del terreno o cuando el cochero había gritado “¡Cuidado!”.

El art. 1384 del Código Civil francés estableció la responsabilidad por las cosas que se tienen bajo la guarda, y el art. 1113 del Código Civil argentino extendió la responsabilidad del que ha causado un daño a las cosas de que se sirve o tiene a su cuidado. La Corte de Casación francesa consagró la responsabilidad objetiva para los daños causados por automotores mediante una presunción de responsabilidad a cargo del guardián, que “sólo puede ser destruida por la prueba de un caso fortuito o de fuerza mayor o de una causa extraña que no le sea imputable; no siendo suficiente probar que no ha cometido ninguna culpa o que la causa del hecho dañoso ha permanecido desconocida”[xi]; y en Argentina la reforma de 1968 al art. 1113 del Código Civil la introdujo oficialmente para los daños causados “por el riesgo o vicio de la cosa”, pues ya la jurisprudencia "la había aplicado por su cuenta"[xii]. Antes, los tribunales habían discutido otras situaciones, por ejemplo si constituía caso fortuito el tránsito de un vehículo, respondiendo negativamente tanto para el tranvía[xiii] como para el camión[xiv].  

 

2. El siglo XXI y las tecnologías convergentes

 

            6.- El conocimiento racional, sistemático, exacto y verificable ‑aunque sea falible y perfectible‑ al que se denomina ciencia ha permitido hacer “una reconstrucción conceptual del mundo que es cada vez más amplia, profunda y exacta”[xv]. Los resultados de la actividad científica se aplican a la invención y a la manufactura de bienes materiales y culturales mediante la tecnología. Históricamente, los creadores de la tecnología fueron principalmente artesanos cuyas habilidades se basaban completamente en el conocimiento empírico. Pero a partir de la Revolución Industrial de los siglos XVIII y XIX la ciencia comenzó a cimentar nuevos inventos que favorecieron el desarrollo de la tecnología y la industria, y a su vez la tecnología brindó herramientas al servicio de las ciencias experimentales mediante instrumentos que facilitaron su crecimiento.

             En tiempos modernos se desarrollaron los conceptos actuales de ciencia y de tecnología, que el filósofo-sociólogo de la ciencia francés Bruno Latour propuso unificar en el concepto de tecnociencia[xvi]. Latour distingue como modelos de conocimiento científico a la ciencia y a la investigación. La ciencia es un saber que pretende certidumbre, que clausura controversias con sus conclusiones halladas a través de una pesquisa libre de ingerencias externas, un saber que va de la oscuridad a la claridad. En cambio la investigación introduce complejidad, no zanja definitivamente la controversia sino que a menudo suele alimentarla y abrir nuevos horizontes de incertidumbre[xvii].  

             7.- La política científica es un aspecto de la política de gobierno, porque concierne, entre otros, a los objetivos de bienestar de los ciudadanos y desarrollo de la economía. El Consejo de la Ciencia y de la Tecnología ‑un organismo consultivo que depende del Ministro de Desarrollo Económico, de la Innovación y de la Exportación de Québec- ha señalado enfáticamente: “La cultura científica y tecnológica[xviii] es la llave para comprender el mundo que viene y actuar en él. Esa cultura debe enriquecer y completar nuestra visión humanista. Toda demora en asumir esta necesidad, colectiva e individualmente, no puede sino entrañar consecuencias negativas respecto de nuestro porvenir”[xix].

            A fines de 1944 el entonces presidente de los Estados Unidos de América Franklin Delano Roosevelt dirigió una carta a Vannevar Bush, por entonces Director de la Oficina de Investigación y Desarrollo Científico (Office of Scientific Research and Development, Osrd) en vísperas de la conclusión de la guerra, inquiriéndole cómo podía contribuir la ciencia a mejorar la salud, cómo podía el gobierno apoyar la investigación, y cómo podía ser descubierto y desarrollado el talento de los jóvenes. La respuesta fue contenida en el documento de 1945 Ciencia, la frontera infinita (Science, the Endless Frontier) que fue enviado al entonces presidente Harry S. Truman, y dio comienzo a la denominada política científica, definida e impulsada por el Estado.

           Corrieron los tiempos. En junio de 2002, en el encuentro Converging Technologies for Improving Human Performance -llevado a cabo por la National Science Foundation en Arlington, Virginia- se analizó el nuevo concepto científico de NBIC (Nano-Bio-Info-Cogno) que abarca la nanociencia y la nanotecnología; la biotecnología y la biomedicina, incluyendo la ingeniería genética; la tecnología de la información, incluyendo computación avanzada y comunicaciones; y la ciencia del conocimiento, incluyendo la neurociencia del conocimiento.

            La noción de tecnologías convergentes implica la combinación sinérgica de esas cuatro áreas mayores de la ciencia y la tecnología, y en el Reporte del encuentro se dice que es preciso experimentar con ideas innovativas para motivar búsquedas interdisciplinarias y desarrollo, mediante caminos que las vinculen con “lo ético, lo legal y lo moral”. “En muchas áreas de aplicación, como la tecnología médica y el cuidado de la salud ‑agrega‑, es necesario acelerar los avances que permitirían aprovechar las tecnologías convergentes”. Se destaca también la incidencia a largo plazo que las tecnologías convergentes tendrán en franjas claves de la actividad humana, incluyendo el trabajo, el aprendizaje, el envejecimiento, la interacción de grupos y la evolución humana. Con visión prospectiva, se expresa que “Si tomamos hoy las decisiones correctas, con las inversiones necesarias, muchas de estas visiones pueden ser ejecutadas en 20 años. Adelantando simultáneamente en varios de estos senderos se puede llegar a una edad de oro, a una época que representaría un punto de cambio en la historia humana”. “Es fundamental y de gran alcance urgir las transformaciones de la ciencia, la ingeniería y la tecnología a sus verdaderas raíces. El nuevo desarrollo será revolucionario y deberá ser gobernado por el respeto por el bienestar humano y la dignidad”.

 

a) Informática

8.- Hace 20 años hice este pronóstico: “Los países centrales o desarrollados ‑y, en alguna medida, los periféricos o subdesarrollados‑ ya ingresaron en lo que algún autor[xx] se resiste a denominar «tercera revolución industrial», no por exceso conceptual, sino porque el término «aparece como demasiado débil»: el estampido de la informática (que involucra a la burótica, la telemática y la robótica) y de la biotecnología, cuando menos, constituyen dos de las características de los tiempos próximos, y cualquier análisis que no adolezca de ingenuidad conducirá a predecir un aumento de las causas de daños potenciales”[xxi].

Muchas veces hasta los más avisados no han advertido la trascendencia de la innovación tecnológica: del mismo modo que en 1899 se leía en la Revista Literary Digest ‑publicada en Nueva York por Funk & Wagnalls- que “El carruaje sin caballo es en el presente un lujo para los ricos; y aunque su precio probablemente caerá en el futuro, nunca, por supuesto será tan de uso común como la bicicleta”, en 1943 Thomas Watson ‑presidente de IBM‑ dijo: "Creo que en el mundo sólo hay mercado para unas 5 computadoras", y Bill Gates dijo en 1981 que "Una computadora con 640 kilobytes de memoria debería ser suficiente para cualquier usuario"[xxii].

            No obstante, la informática e Internet han sido ejes de la revolución tecnológica. Internet es “una red internacional de computadoras interconectadas, que permite comunicarse entre sí a decenas de millones de personas, así como acceder a una inmensa cantidad de información de todo el mundo”, que no está “instalado en alguna ubicación geográfica especial, pero está disponible para cualquiera, en cualquier lugar en el mundo con acceso a Internet”[xxiii], y que permite la comunicación y el intercambio de información en los planos nacional e internacional. Combina hardware, una red de computadoras interconectadas telefónicamente, mediante cable coaxil o fibra óptica; y software, un conjunto de protocolos y lenguajes que permiten el funcionamiento del sistema. La red mundial WWW (World Wide Web) es el universo de información accesible a través de Internet contiene en Internet una colección inmensa de páginas, con una información fabulosa, que aloja servidores y sitios web, páginas, portales, buscadores. A la vez, con un dominio habilitado, permite la comunicación por e-mail, que equivale a una carta enviada a un destinatario o a un grupo de destinatarios[xxiv].

             Como todo mecanismo informático, Internet somete a riesgos los derechos de la personalidad, pero los agrava y los potencia. El destinatario de Internet es el mundo, y cualquiera del mundo puede usar Internet para enviar mensajes generando spam, o para fisgonear en la computadora ajena, o para invadirla y dañarla. Hay expertos en informática que entran en sistemas de acceso restringido o hackers; delincuentes informáticos o crackers[xxv]; hay virus y quienes los crean y quienes los difunden; gusanos, que envían mensajes independientemente de la voluntad del operador y producen epidemias informáticas; troyanos, programas espías que aparentemente realizan una tarea inofensiva y en realidad llevan adelante otra completamente distinta y dañina; back orifices, que permiten que la computadora sea operada remotamente por un extraño; existen el phishing y el pharming que duplican delictivamente una página web para confundir al navegador a fin de que crea que está en la página original; los key logger y los screen scrapers, que se emplean en computadoras de uso público y registran lo que el usuario teclea o ve en el monitor. La indecencia parece inagotable.

            Mediante Internet el material pornográfico está al alcance de la gente, y en especial de los niños, pues, como en una gran ciudad sin policía, los depravados navegan libremente por la red en busca de captar menores indefensos para pervertirlos[xxvi]. Pero hay que prevenir que este mismo temor por la publicación de material pornográfico existió cuando, a fines del siglo XV, Aldus Manutius difundió desde Venecia el libro portátil, que al estar en manos de mucha gente favoreció la revolución científica del siglo XVII; lo cual ha hecho decir que “el proceso de democratización del conocimiento siempre plantea más o menos el mismo tipo de problemas”[xxvii].

           Los problemas jurídicos que plantea Internet son de muy amplio espectro. Su Derecho será articulado con normas técnicas y jurídicas, incluidas las prácticas y las reglas de conducta, en paralelo al sistema legal de las legislaciones nacionales. Al respecto, el 60º Considerando de la Directiva Europea sobre Comercio Electrónico 2000/31 señala la necesidad de un marco jurídico que “sea sencillo, claro y seguro, y compatible con las normas vigentes a escala internacional”.

Los e-mails pueden causar stress[xxviii], e Internet también puede llevar al AID (Internet Adiction Disorder), cuyos síntomas son problemas emocionales como depresión y ansiedad, con sentimientos desagradables o situaciones de stress para los cuales Internet sirve como paliativo mediante el escape hacia el mundo de la fantasía. Michael y Iana Strauss tienen dos hijos, un varón de 22 meses de edad y una niña de 11 meses; fueron condenados por una Corte de Nevada porque los menores sufrieron daños importantes y estuvieron próximos a la muerte a causa del abandono de sus padres por su adicción a Internet: el hijo varón padecía inanición, una disminución de la masa muscular que le dificultaba la movilidad y una infección genital; la niña pesaba 5 kilogramos, tenía una infección bucal, sequedad en la piel y una severa deshidratación, y debió afeitársele el cabello porque se había enmarañado por la orina de gato[xxix].

 

b) Biotecnología

            9.- La biotecnología aplica un conocimiento técnico en organismos vivos mediante la manipulación genética. En su campo de acción la ingeniería genética abarca las técnicas de manipulación del genoma, pues conociendo los mapas genéticos de las especies es posible introducir modificaciones en las más variadas expresiones de la naturaleza y la vida humana. En la ingeniería genética sobresalen los organismos transgénicos de todo tipo, desde microorganismos hasta mamíferos. Los anticuerpos monoclonales son aplicables especialmente a la curación de ciertas formas de cáncer, y su descubrimiento dio el premio Nóbel de 1984 al científico argentino César Milstein. La Declaración 12ª de la Conferencia de Premios Nobel realizada en el Palacio del Elíseo de Paris, en 1988, proclamó que "debe darse impulso a la biología molecular, que gracias a sus progresos recientes permite albergar la esperanza de que la medicina dé pasos importantes hacia delante y logre develar la dimensión genética de determinadas enfermedades, contribuyendo así a preverlas y, tal vez, a curarlas".

Las proyecciones que tiene la biociencia para la gente son inmensas. Las investigaciones sobre el genoma humano han permitido delinear el mapa genético del individuo, mediante la determinación de la totalidad de secuencias de ADN portadoras de genes que contiene una célula humana, y ha permitido establecer que, de alguna manera, el ser depende de sus genes. En la vida privada, el conocimiento de la identidad genética puede determinar con quién se debe formar pareja, porque las características del ser condicionan la convivencia más o menos pacífica en un proyecto de vida en común con vocación de futuro; cuántos hijos se habrán de tener; cuál será la salud de éstos. El conocimiento de la identidad genética también va a permitir, en lo que concierne a la vida privada, establecer dónde se debe vivir, qué se debe consumir; pasando de la medicina preventiva a la medicina predictiva, a qué enfermedades se es propenso, como la artrosis o el paro cardíaco; pero no se trata sólo de enfermedades, sino también de características de la persona: la propensión a la obesidad o a la calvicie; el nivel de inteligencia; los rasgos de la personalidad en general.

Esto está íntimamente relacionado con el derecho a la intimidad, que abarca la protección de los datos genéticos. Pero en la vida social va a haber una gran presión por conocer los datos genéticos: presionarán los empleadores, que no van a querer que deje de amortizarse el costo de formación de un obrero si éste va a concluir su vida útil rápidamente por la propensión genética a cierta enfermedad invalidante; y presionarán los aseguradores, que van a declarar no asegurables, o asegurables sólo mediante el pago de primas insoportables, a aquéllos que tengan cierta propensión genética a las enfermedades, o a la muerte prematura. ¿No llegará a negarse la seguridad social a las mujeres que se nieguen a abortar cuando de la investigación genética del feto resulte la propensión a sufrir una enfermedad de transmisión hereditaria?.

Desde la perspectiva del Derecho Penal el conocimiento del genoma puede hacer renacer la idea lombrosiana de l’uomo delinquente[xxx], el que nace delincuente, el degenerado, y se corre el riesgo de que se pretenda considerar no-humanos a ciertos enfermos, a los que están en coma, a los seniles, “a los delincuentes, y por qué no, a los pobres”[xxxi]. Es bueno recordar aquí que Sócrates, Julio César, Petrarca, Molière, Händel, Napoleón, lord Byron, Berlioz, Dickens, Dostoyevski, Flaubert, van Gogh y Gershwin fueron epilépticos a quienes el oscurantismo habría considerado eliminables.

            En 1993 Jerry Hall y Robert Stilmann, de la George Washington University, divulgaron datos relativos a experimentos de escisión gemelar (splitting) de embriones humanos; el 27 de febrero de 1997 la revista Nature dio noticia del nacimiento mediante clonación de la oveja Dolly, llevada a cabo por los científicos escoceses Jan Vilmut y K. H. S. Campbell con sus colaboradores del Roslin Institute de Edimburgo, no tratándose de una escisión gemelar sino de una novedad radical consistente en una reproducción asexual y agámica encaminada a producir individuos biológicamente iguales al individuo adulto que proporciona el patrimonio genético nuclear[xxxii].

Las nuevas tecnologías también permiten la inseminación artificial y la inseminación in vitro, sin transferencia de embriones o con ella, el alquiler de vientres, el cambio de núcleo en el óvulo o en el esperma, el desarrollo de óvulos no fecundados, los injertos de óvulos, la gestación de embriones humanos en úteros no humanos o en laboratorio (con una matriz y con una placenta artificiales) y la destrucción selectiva de los embriones que no superan el examen genético, el empleo de embriones luego de la muerte de sus padres, la ICSI (inyección introcitoplásmica de esperma) que permite procrear a hombres con esperma anormal o sin espermatozoides maduros con tal de que se disponga de óvulos y de un útero, al implante de un embrión en el abdomen de un varón previo tratamiento hormonal, a la autoprocreación femenina, a la fertilización de óvulos de mona o de hamsters con semen humano, a la fertilización de óvulos extraídos a fetos femeninos concebidos con ese objeto que generarán niños cuyas madres jamás nacieron y cuyos restos fueron desechados[xxxiii].

            Desde fines de la década de los años ’70 se plantearon fuertes polémicas éticas y jurídicas a raíz de varios casos: el de los bebés de probeta a partir del nacimiento de Louis Brown en Inglaterra; el de los bebés del hielo, esto es los resultantes de embriones congelados, a partir del nacimiento de Zoe, en Australia. En el caso de los bebés de Melbourne una mujer casada, con el consentimiento del marido, dio sus óvulos para ser fecundados in vitro con esperma de un tercero, los embriones fueron congelados, y posteriormente ambos cónyuges murieron en un accidente aéreo. En el caso de los bebés que vinieron del pasado la conviviente (Simone) y la viuda (Corinne) litigaron entre sí porque ambas pretendían hacerse inseminar artificialmente con esperma del hombre muerto[xxxiv].

            Se ha llegado al patentamiento de la vida y de seres vivos. En los Estados Unidos de América un científico desarrolló una bacteria apta para tratar los derrames de petróleo, y pretendió patentarla; la ley prohibía patentar seres vivos, pero la Suprema Corte decidió que “un microorganismo vivo, hecho por el hombre”, es patentable en tranto “constituye una «manufactura» o «composición de la materia»” en los alcances de la ley[xxxv]. La Directiva Europea 99/44 de Protección de las Invenciones Biotecnológicas permite patentar un "elemento aislado del cuerpo humano u obtenido mediante un procedimiento técnico, [...] aun en el caso de que la estructura de dicho elemento sea idéntica a la de un elemento natural".

            La población del mundo crece, la extensión territorial para sembrar es la misma y buena parte de la tierra disponible está comenzando a ser destinada a cultivos de caña de azúcar y maíz para elaborar biocombustibles, lo cual hace necesario utilizar las nuevas tecnologías para producir alimentos. Quizá por ello “Se está llevando a cabo una verdadera carrera hacia los genes en todo el planeta. Puede verse cómo algunas grandes empresas buscan apropiarse, gracias al sistema de patentamiento de lo viviente, el gen raro, la bacteria útil, la semilla eficaz, la especie animal preciosa. Lo que hasta hace poco participaba todavía de la hermosa gratuidad del mundo (las res nullius del Derecho Romano) o provenía del esfuerzo humano acumulado durante varias generaciones de campesinos, se ha convertido hoy en algo privatizable. Se trata de repartirse lo más rápidamente posible ese nuevo Eldorado genético, parcelándolo con barreras jurídicas, perímetros privativos, estampillados comerciales, etcétera”[xxxvi].

 

c) La Nanotecnología.

            10.- En una conferencia sobre el futuro de la investigación científica dictada en 1959, Richard Feynmann -Premio Nóbel de Física en 1965- dijo que, a su "modo de ver, los principios de la Física no se pronuncian en contra de la posibilidad de maniobrar las cosas átomo por átomo". La Nanotecnología fue definida por primera vez en 1974 por Norio Taniguchi ‑profesor emérito de la Tokyo Science University‑, en términos que siguen siendo considerados válidos: “Nanotecnología consiste en el proceso de separación, consolidación y deformación de materiales por un átomo o una molécula”[xxxvii]. Aludió de tal modo a procesos ‑que tienen como referencia la nanoescala, esto es medidas extremadamente pequeñas[xxxviii]- que permiten trabajar y manipular las estructuras moleculares y sus átomos, pudiéndose fabricar materiales y máquinas o contribuir al mejoramiento de la salud a partir del reordenamiento de átomos y de moléculas, haciendo así posible curar enfermedades desde dentro del cuerpo y al nivel celular o molecular.

En 1994 Leonard Adelman, un científico informático de la Universidad de Southern California sugirió ‑en el que se considera el primer experimento de nanotecnología‑ que el ADN podría ser empleado para resolver problemas matemáticos de alta complejidad usando una nanocomputadora que trabajaría mediante la hibridación del ADN, que permitió el denominado procesamiento paralelo en lugar del procesamiento lineal (de un proceso por vez) que utilizan el cerebro humano y las computadoras convencionales.

   En el campo de la medicina aparecieron la nanotecnología biomédica, la bionanotecnología y la nanomedicina, y los nanomateriales ‑similares en tamaño a la gran mayoría de las estructuras y las moléculas biológicas‑ tienen aplicaciones como agentes de contraste para imágenes celulares y agentes terapéuticos para el tratamiento de cáncer o como vehículos para la liberación de drogas o medicamentos, y pueden ser funcionalizados con agentes biológicos; la nanofiltración mediante membranas con poros de tamaño nanométricos es aplicable a la diálisis. Mediante la nanotecnología, dispositivos cien veces más delgados que un pelo podrán ser implantados en el cuerpo humano para liberar proteínas, fármacos y genes, que corregirán numerosas enfermedades; sensores implantables controlarán las constantes bioquímicas del cuerpo para detectar el inicio de tumores, infecciones o problemas cardiovasculares. Las computadoras podrán incorporar “biochips” con moléculas orgánicas y tener una velocidad millones de veces superior a la actual[xxxix].

            Las nuevas tecnologías convergen y se potencian en muchos aspectos. La nanocomputadora es una computadora con circuitos tan pequeños que sólo son visibles mediante un microscopio, y puede ser tanto electrónica como bioquímica u orgánica, como en el caso de la nanocomputadora de ADN. Albert Fert y Peter Grünberg recibieron los Premios Nobel de Física en 2007 por el empleo de capas nanométricas apiladas en la estructura de los discos de computación. En la medicina del futuro, la documentación completa del ADN indicará el tratamiento más adecuado en cada caso. La pirosecuenciación (o secuenciación por síntesis) usa la nanotecnología y es capaz de secuenciar más de 100 millones de bases[xl] en menos de diez horas, con una fiabilidad del 99,99 por ciento. La metagenómica investiga el genoma del conjunto de comunidades enteras de microbios ‑más que de especies individuales‑, con el propósito de descubrir genes de interés especial, y mediante la nanotecnología secuencia los genomas a altísima velocidad. Y así sucesivamente.

            El uso tecnológico de los elementos magnéticos comenzó con la brújula a partir del siglo XIV. Aplicando la nanotecnología el Laboratorio de Sólidos Amorfos de la Facultad de Ingeniería de la UBA ‑dirigido por el doctor Hugo Sirkin‑ ha desarrollado superimanes de muy alta prestación, enorme posibilidad de compactación y considerable ahorro de energía[xli].

Sobre la importancia de la nanotecnología, la Decisión del Consejo de la Comunidad Europea del 19 de diciembre de 2006 en el Programa Marco de Acciones de Investigación, Desarrollo Tecnológico y Demostración estableció que “La competitividad de la industria del futuro dependerá en gran medida de las nanotecnologías y de sus aplicaciones. La investigación y desarrollo tecnológicos en nanociencias y nanotecnologías y su incorporación a varios sectores podrán acelerar la transformación de la industria europea”.

 

d) La Cognociencia

  11.- Hasta el siglo XX el trabajo era eminentemente manual y físico, y la manufactura de materiales para construir el mundo era la principal fuente de ingresos y el eje central de la sociedad, en tanto las aspiraciones intelectuales y el trabajo mental quedaban relegados a unos pocos privilegiados. A principios del siglo XX apareció en escena de la electricidad y, con ella, los medios de comunicación de masas que, con su gran desarrollo, introdujeron una nueva materia prima que no es posible asir con las manos, medir o cortar para vender al peso, pero a la que se puede poner precio. Se trata de material procesable por el cerebro, de datos, de información, de material destinado a hacer funcionar la mente, no el cuerpo.

En el siglo XVII Descartes sostuvo que la mente y el cuerpo son entidades totalmente separadas[xlii], pero el punto de vista actual entiende que todo lo que sucede en la mente se deriva de procesos en el cerebro, aunque los científicos recién están comenzando a desentrañar estos procesos.

Los seres humanos tenemos capacidades o habilidades cognitivas o mentales, que nos permiten razonar, actuar de manera racional en pos de objetivos, ver objetos, reconocerlos, formarnos imágenes mentales de ellos, comprender el lenguaje, comunicarnos, inventar, diseñar. El objeto de la ciencia del conocimiento son las capacidades del cerebro para el conocimiento y en particular el razonamiento humano. La interpretación de la naturaleza del conocimiento humano requiere de la actuación interdisciplinaria de científicos en computación e informática, sicología, filosofía, lingüística y neurociencia para establecer las bases sicológicas, computacionales y neurocientíficas del conocimiento y de las bases del pensamiento, estudiando temas como la inteligencia artificial[xliii], la linguística computacional, la psicología y la filosofía del conocimiento.

            En esta línea de investigación se puede llegar a resultados sorprendentes. Científicos de las Universidades de Nueva York y de California, realizaron una prueba destinada a medir la destreza para romper la respuesta habitual de varias personas que eran examinadas mediante un electroencefalograma mientras se les pedía que apretaran repetitivamente botones; con el resultado de la prueba sugirieron que la orientación política se vincula con el modo en que el cerebro procesa la información: la diferencia entre los juicios de los conservadores -que son más estructurados y persistentes- y los juicios de los liberales -que son más abiertos a las nuevas experiencias- respondería por lo tanto a diferencias en las funciones neurocognitivas generales[xliv].

Se ha sugerido que en cierto tiempo podrán transmitirse los pensamientos a una computadora mediante una banda ancha y que también habrá cerebros artificiales. Pero “los cerebros artificiales de primera generación serán tan amorales como nuestros animales domésticos o un niño: sólo inteligencia en bruto y capacidad de lenguaje [...]; los primeros modelos podrían ser listos y habladores sin ser prudentes ni juiciosos, una combinación muy peligrosa, potencialmente sociopática” [xlv]

 

3. Perspectivas éticas y jurídicas

 

12.- La Decisión del Consejo de la Comunidad Europea del 19 de diciembre de 2006 en el Programa Marco de Acciones de Investigación, Desarrollo Tecnológico y Demostración ha dispuesto que en esas actividades “se respetarán los principios éticos fundamentales”, entre ellos los recogidos en la Carta de los Derechos Fundamentales de la UE (protección de la dignidad y la vida humanas, de los datos personales y la intimidad, así como de los animales y el medio ambiente), incluyendo los convenios, directrices y códigos de conducta internacionales aplicables ‑entre otros‑ la Declaración de Helsinki, el Convenio del Consejo de Europa relativo a los Derechos Humanos y la Biomedicina (Oviedo, abril de 1997)[xlvi], la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño, la Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos adoptada por la unesco, la Convención de las Naciones Unidas sobre armas bacteriológicas y toxínicas, el Tratado Internacional sobre Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura y las resoluciones aplicables de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Ese marco axiológico ha sido desarrollado en numerosas normas y declaraciones internacionales respecto del modo en que corresponde llevar adelante el desarrollo científico-tecnológico. Iremos viendo algunas de ellas.

 

13.- La Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (Ginebra, 2003) asumió el compromiso “de construir una Sociedad de la Información centrada en la persona, integradora y orientada al desarrollo, en que todos puedan crear, consultar, utilizar y compartir la información y el conocimiento, para que las personas, las comunidades y los pueblos puedan emplear plenamente sus posibilidades en la promoción de su desarrollo sostenible y en la mejora de su calidad de vida, sobre la base de los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas y respetando plenamente y defendiendo la Declaración Universal de Derechos Humanos” (nº 1), y dispuso que “Todos los actores de la Sociedad de la Información deben adoptar las acciones y medidas preventivas apropiadas, con arreglo al derecho, para impedir la utilización abusiva de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación), tales como actos ilícitos o de otro tipo motivados por el racismo, la discriminación racial, la xenofobia, y las formas conexas de intolerancia, el odio, la violencia, todo tipo de maltrato de niños, incluidas la pedofilia y la pornografía infantil, así como la trata y la explotación de seres humanos” (nº 59).

            Una interesante manifestación de ese criterio humanista resulta de la Directiva Europea 95/46 relativa al sistema de tratamiento de datos, que señala expresamente que tal sistema “está al servicio del hombre”, y debe “respetar las libertades y derechos fundamentales de las personas físicas” y “contribuir al progreso económico y social, al desarrollo de los intercambios, así como al bienestar de los individuos”. 

            14.- “La aplicación de la ciencia a la alteración de los genes o del cerebro bien puede cambiar la configuración de la vida humana. Al ser tanto lo que está en juego, carecería de justificación que procediéramos sin objetivos definidos”[xlvii].

            Respecto de la biotecnología, el "Código de Nüremberg" de la Asociación Médica Mundial (1947) estableció que "El hombre no puede ser un objeto para la ciencia". En la Declaración de Edimburgo de su 52ª Asamblea General (octubre de 2000) la misma Asociación estableció en igual sentido que “en la investigación médica, es deber del médico proteger la vida, la salud, la intimidad y la dignidad del ser humano” (principio 10º). También corresponde atender a estos principios de la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos (Unesco, 19 de octubre de 2005): “Se habrán de respetar plenamente la dignidad humana, los derechos humanos y las libertades fundamentales” (art. 3.1); Es necesario el “previo consentimiento libre e informado de la persona interesada” para “toda intervención médica preventiva, diagnóstica y terapéutica” así como “para la investigación científica”, requiriéndose que la información sea “adecuada, facilitarse de forma comprensible e incluir las modalidades para la revocación del consentimiento” (art. 6); “Se deberían tener debidamente en cuenta las repercusiones de las ciencias de la vida en las generaciones futuras, en particular en su constitución genética” (art. 16).

La Declaración Internacional sobre los Datos Genéticos Humanos (Unesco, 16 de octubre de 2003) tiene como objetivo “velar por el respeto de la dignidad humana y la protección de los derechos humanos y las libertades fundamentales en la recolección, el tratamiento, la utilización y la conservación de los datos genéticos humanos[xlviii], los datos proteómicos humanos[xlix] y las muestras biológicas de las que esos datos provengan”, y dispone que “la recolección, el tratamiento, la utilización y la conservación de datos genéticos y datos proteómicos humanos y de muestras biológicas deberán ser compatibles con el derecho internacional relativo a los derechos humanos”; rige “el tratamiento, la utilización y la conservación de datos genéticos, datos proteómicos humanos y muestras biológicas, excepto cuando se trate de la investigación, el descubrimiento y el enjuiciamiento de delitos penales o de pruebas de determinación de parentesco, que estarán sujetos a la legislación interna que sea compatible con el derecho internacional relativo a los derechos humanos” (art. 1). Asimismo, las consecuencias éticas y sociales de las investigaciones sobre el genoma humano “imponen a los investigadores responsabilidades especiales de rigor, prudencia, probidad intelectual e integridad, tanto en la realización de sus investigaciones como en la presentación y utilización de los resultados de éstas”[l].

            El Convenio de Bioética del Consejo de Europa (Oviedo, abril de 1997), “prohíbe toda forma de discriminación de una persona a causa de su patrimonio genético” (art. 11); dispone que “sólo podrán hacerse pruebas predictivas de enfermedades genéticas o que permitan identificar al sujeto como portador de un gen responsable de una enfermedad, o detectar una predisposición o una susceptibilidad genética a una enfermedad, con fines médicos o de investigación médica y con un asesoramiento genético apropiado” (art. 12); que “únicamente podrá efectuarse una intervención que tenga por objeto modificar el genoma humano por razones preventivas, diagnósticas o terapéuticas y sólo cuando no tenga por finalidad la introducción de una modificación en el genoma de la descendencia” (art. 13); y que “no se admitirá la utilización de técnicas de asistencia médica a la procreación para elegir el sexo de la persona que va a nacer, salvo en los casos en que sea preciso para evitar una enfermedad hereditaria grave vinculada al sexo” (art. 14).

            Asumiendo un tratamiento jurídico especial para la célula germinal de la que deriva la descendencia, el Proyecto de Código Civil de 1998 dispuso: “Artículo 111. Prácticas eugenésicas. Quedan prohibidas las prácticas eugenésicas tendientes a la selección de genes, sexo o caracteres físicos o raciales de seres humanos. Ninguna modificación puede ser realizada a los caracteres genéticos con la finalidad de alterar los caracteres de la descendencia de la persona, salvo que tenga por objeto exclusivo evitar la transmisión de enfermedades o la predisposición a ellas. Es prohibida toda práctica que afecte la integridad de la especie humana, o que de cualquier modo tienda a la selección de las personas, o la modificación de la descendencia mediante la transformación de los caractéres genéticos. Quedan a salvo las investigaciones que tiendan a la prevención y tratamiento de enfermedades genéticas”. El art. 16-10 del Código Civil francés, introducido por la Ley nº 94-653, dispone que “El estudio genético de las características de una persona sólo puede realizarse con fines médicos o de investigación científica. Previamente a la realización del estudio debe obtenerse el consentimiento de la persona”.

Conforme a la Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos de la Unesco del 11 de noviembre de 1997, “Nadie podrá ser objeto de discriminaciones fundadas en sus características genéticas, cuyo objeto o efecto sería atentar contra sus derechos humanos y libertades fundamentales y el reconocimiento de su dignidad” (art. 6). En el mismo sentido, el art. 16-13 del Código Civil francés, introducido por la Ley nº 2002-303, establece que “Nadie podrá ser objeto de una discriminación fundada en sus características genéticas”.

            En ese marco conceptual, la citada Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos de la Unesco dispone que “Toda persona tendrá derecho, de conformidad con el derecho internacional y el derecho nacional, a una reparación equitativa de un daño del que pueda haber sido víctima, cuya causa directa y determinante pueda haber sido una intervención en su genoma” (art. 8).

 

15.- La ya mencionada Decisión del Consejo de la Comunidad Europea del 19 de diciembre de 2006 en el Programa Marco de Acciones de Investigación, Desarrollo Tecnológico y Demostración, respecto del cerebro y las enfermedades relacionadas con el cerebro ha señalado como objetivos ‑en la perspectiva de respeto de “los principios éticos fundamentales”‑ “comprender mejor la estructura y la dinámica integradas del cerebro, estudiar las enfermedades cerebrales, incluidas las relacionadas con la edad (por ejemplo, la demencia y la enfermedad de Parkinson) y buscar nuevas terapias”, así como “obtener una comprensión global del cerebro mediante la exploración de las funciones cerebrales, de las moléculas a la cognición, incluida la neuroinformática y la disfunción cerebral, de los problemas sinápticos a la degeneración neuronal”, mediante el abordaje de “las enfermedades y los trastornos psiquiátricos y neurológicos, incluyendo planteamientos terapéuticos regenerativos y restauradores”.

El hombre puede incorporar información, conocimiento, know-how, tradiciones, objetos cognitivos, igual que un libro o una computadora; los libros de una biblioteca son reparados cuando lo necesitan, una computadora es revisada y reparada periódicamente. Pero “infortunadamente, no siempre se le dan los mismos derechos y reconocimiento moral ni al contenido cognitivo ni a la piel de los seres humanos”[li].  

 

4.- Tiempo de pensar

 

16.- No es dudoso que el avance científico-tecnológico ocurrido a partir de la mundialización da un perfil especial a estos tiempos, y permite a algunos sectores sociales acceder a situaciones ventajosas en lo que concierne al confort[lii], al cuidado de la salud mediante medicinas, técnicas y aparatos nuevos, a liberarse de trabajos penosos, en general, al mejoramiento de la calidad de vida y a la prolongación de su duración. Pero la totalidad de la población recibe el impacto de escorias como la contaminación ambiental, que puede provenir de casi todo: del aire, del agua, de la tierra, de productos minerales y químicos, de las redes de energía, de los sonidos, de las imágenes. Si el hombre actuara cabalmente como tal y no como mero homo aeconomicus, y estuviera preocupado como corresponde por los intereses de la comunidad y por las circunstancias de su habitat actual y del mundo del futuro, esa contaminación no alcanzaría los límites a los que ha llegado, afectando a todos, pero con mayor intensidad a los más débiles. El 11 de diciembre de 1997 se firmó en Kyoto (Japón) el protocolo de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, tendiente a evitar que continúe el recalentamiento de la Tierra; entró en vigor en febrero de 2005, pero fue rechazado por los Estados Unidos de América, que es el mayor emisor de gases de efecto invernadero.

            Tampoco es dudoso que quienquiera pretendiera oponerse a los avances del desarrollo tecnológico sufriría el mismo fracaso que los luddistas ingleses de principios del siglo XIX en su revuelta contra el naciente maquinismo. Estamos en los tiempos de la que la Unesco denomina “sociedad del conocimiento” o “sociedad del saber”[liii], y la directriz I+D (Investigación más Desarrollo) actualmente ha sido ampliada a I+D+I (Investigación más Desarrollo más Innovación) -criterio apoyado en Argentina por la ley 25.467 de Ciencia, Tecnología e Innovación‑, lo cual hace previsible que continúe y se acentúe la interacción entre la ciencia, como saber que pretende clausurar controversias mediante la certidumbre y aportar conclusiones consideradas definitivas, y la investigación, que a menudo suele alimentar esas controversias y abrir nuevos horizontes de incertidumbre.

            Pero “los avances de la ciencia, la técnica, la industria, la economía, que actualmente propulsan la nave espacial Tierra, no son regulados ni por la política, ni por la ética”, por lo cual el progreso científico e industrial permitió la producción y la proliferación de armas de destrucción masiva, nucleares, químicas y biológicas y generó un proceso de deterioro de la biosfera, y se amplió el círculo vicioso entre crecimiento y degradación ecológica[liv]. Hace años señalé que cuando se le preguntó a Wilhelm Röentgen, el descubridor de los rayos X, “¿Qué pensó usted cuando descubrió esos rayos?", su respuesta fue arquetípica: "No pensé, experimenté"[lv]. Desde la trinchera de la ciencia se dice: "déjennos hacer" y se utilizan argumentos como éste: "¿debió impedirse la difusión del invento de la rueda porque, usándola, los automóviles iban a ser contaminantes para el ecosistema?".

En el monólogo final de “Vida de Galileo” Bertolt Brecht hace decir a su personaje: “El único fin de la ciencia consiste en aliviar la miseria de la existencia humana. Si los científicos se dejan atemorizar por los tiranos y se limitan a acumular el conocimiento por el conocimiento mismo, la ciencia se convertirá en un inválido y las nuevas máquinas sólo servirán para producir nuevas calamidades. Tal vez, con el tiempo, ustedes lleguen a descubrir todo lo que hay para descubrir, pero ese progreso sólo los alejará más y más de la humanidad. Y el abismo entre ella y ustedes los científicos puede llegar a ser tan profundo que cuando griten de felicidad ante algún nuevo descubrimiento, el eco les devolverá un alarido de espanto universal”.

Para los desarrollos científico-tecnológicos Hans Jonas ha propuesto la regla in dubio pro malo, porque “acerca de lo malo no tenemos duda alguna cuando lo experimentamos; acerca de lo bueno adquirimos seguridad, la mayoría de las veces, sólo por el rodeo del mal”[lvi]. También se ha enarbolado el principio de precaución, que nació con el objetivo de situar al medio ambiente en el centro de las políticas públicas y fue consagrado como tal en el principio 15º de la Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de la Eco’92[lvii], siendo extendido luego a otras áreas como la salud pública y la alimentación. La aplicación del principio de precaución requiere que, ante la probabilidad de que una hipótesis de daño sea exacta, se comparen desde distintos enfoques ‑incluido el de los costos económicos y sociales‑ las consecuencias de actuar para evitarlo con las consecuencias de no hacerlo[lviii].

            Seguramente hay que buscar el equilibrio entre los extremos, pero teniendo presente que éste es tiempo de principios y de valores, de principios con carácter axiológico que privilegian a lo que es bueno, y de valores con carácter deontológico que privilegian al deber ser[lix]. La Declaración sobre la Ciencia y el Uso del Saber Científico adoptada por la Conferencia Mundial sobre la Ciencia de la Unesco (Budapest, julio de 1999) señaló con precisión que, “Además de sus ventajas manifiestas, las aplicaciones de los avances científicos y el desarrollo y la expansión de la actividad de los seres humanos han provocado también la degradación del medio ambiente y catástrofes tecnológicas, y han contribuido al desequilibrio social o la exclusión. Un ejemplo: el progreso científico ha posibilitado la fabricación de armas muy perfeccionadas, lo mismo tradicionales que de destrucción masiva”.

            Vuelvo a citar a Jonas: no es suficiente hacer las cosas con la diligencia del deber cumplido, se requiere ante todo ser responsable con la sociedad en que se vive. La Declaración Mundial sobre la Educación Superior en el Siglo XXI de la Conferencia Mundial sobre la Educación Superior (Unesco, Paris, octubre de 1998) estableció que “La práctica de la investigación científica y la utilización del saber derivado de esa investigación deberían estar siempre encaminadas a lograr el bienestar de la humanidad, y en particular la reducción de la pobreza; respetar la dignidad y los derechos de los seres humanos, así como el medio ambiente del planeta; y tener plenamente en cuenta la responsabilidad que nos incumbe con respecto a las generaciones presentes y futuras”. Es imperioso tener presente que “ha llegado el tiempo de reconocer que el desarrollo sustentable, la democracia y la paz son indivisibles”[lx]

17.- Recuerdo una experiencia personal muy intensa, que me ha movido a relatarla varias veces. Hace unos 15 años se llevó a cabo en Perú un importante congreso jurídico internacional. Yo había leído con fruición toda la literatura por entonces disponible sobre el avance científico, la explosión tecnológica, la prospectiva del milenio nuevo. Me llegó el turno de hablar y manifesté entusiasmado que son contemporáneos nuestros casi la totalidad de todos los científicos que produjo la humanidad, porque serían unos 100 en el siglo XVII, unos 2.000 a fines del siglo XIX, y hoy habría unos 20 millones en todo el mundo. Entonces recibí una lección: un sabio romanista italiano me replicó que, precisamente, esa era una de las causas de nuestros males, porque sólo son nuestros contemporáneos un porcentaje mínimo de los filósofos de la historia.

El desdeño por este tipo de pensamiento crítico ‑que es propio de las que suelen ser calificadas tan menospreciativa como injustificadamente como ciencias blandas‑ resulta de un arrogante pensamiento de Ernest Rutherford, considerado el padre de la física nuclear y premio Nobel de Química en 1908: “La ciencia o es física o es coleccionar estampillas”[lxi]. Con el mismo sesgo cientificista alguien ha llegado a decir entre nosotros que “los cargos más altos de la política deben ser llevados adelante por gente que no provenga ni de la política profesional ni de la abogacía, sino que tenga una formación científica”[lxii].

La respuesta adecuada a esos lamentablemente generalizados exabruptos proviene de la Unesco, que propugna asignar a “las ciencias sociales” una "función prevalente en el análisis de las transformaciones relacionadas con la evolución científica y tecnológica y en la búsqueda de soluciones a los problemas que ese proceso provoca”[lxiii]. Es tiempo de darse cuenta del error de creer que “lo que no pertenece a la naturaleza no es ciencia”, pues “no hay ciencias duras o ciencias blandas en los términos de una presunta antinomia, ¡hay ciencia o no hay ciencia!”[lxiv]. Y también de advertir la relevancia de que en la comprensión de los fenómenos las ciencias sociales no se limitan a la relación causa-efecto proveniente de la observación, sino que agregan una explicación valorativa de la relación medios-fines, que ni los cientificistas ni los tecnócratas consideran en su discurso o en su acción. 

18.- Con palabras de de Sousa Santos: “Cuando lo deseable fue imposible cedió su puesto a Dios; cuando lo deseable fue posible cedió su puesto a la ciencia. Ahora, que una parte de lo deseable es de nuevo imposible y una parte de lo posible no es ya deseable, no podemos contar ni con Dios ni con la ciencia. Sólo podemos contar con nosotros mismos”[lxv]. Pero a tal fin debemos resistirnos a ser “simples objetos en este Titanic sin piloto” que parece ser el Mundo de hoy, pues resulta necesario “cambiar y ser sujetos”[lxvi].

            Propongo arremeter contra lo que Ullrich Beck alude como “esclerosis conceptual dominante”[lxvii]. Sugiero que es tiempo de las grandes preguntas: ¿Qué es lo bueno?. ¿Qué es lo malo?. ¿Por qué?. ¿Para qué?. ¿Para quién?. ¿Qué y quién se beneficia?. ¿Qué y quién se perjudica?[lxviii]. Las respuestas no pueden ser extraídas solamente de algunos principios apriorísticos de códigos deontológicos que pueden ser aprendidos de memoria, porque la ética no queda reducida a los enunciados de un manual de casos abstractos sino que está sujeta a ciertas circunstancias de la realidad que determinan su consistencia y sus condicionantes.

Si, como piensa Mario Bunge, “los políticos y los empresarios son los responsables de que la ciencia y la tecnología se empleen en beneficio de la humanidad”[lxix], determinar cómo se usa la ciencia de modo racional, eficaz y valioso es tema de la filosofía política, y ello exige superar la tendencia generalizada a baratear al Derecho, al que muchos economicistas quieren degradar porque sienten a las normas jurídicas como un obstáculo para su ofuscada búsqueda de eficiencia, y muchos cientificistas quieren rebajar porque ponen en contradicción lo que ellos hacen ‑que es investigar e inventar sin reconocer límites ni ataduras- con los paradigmas de lo jurídico, que son la centralidad de la persona y los derechos humanos y la supremacía de los valores.

Desde lo jurídico debemos tener mucha firmeza en las convicciones y en la acción, porque en sistemas en los que predominan las corporaciones y se desvanece la política ‑privándosela así de su función integradora‑ todo puede llegar a depender de la presión de los intereses sectoriales. Como he sugerido antes de ahora[lxx] es preciso enaltecer al ser humano mediante criterios que sirvan a los principios de justicia y de bien común, y contando a tal fin con el empeño de juristas, pero también de filósofos, de sociólogos, de moralistas, de economistas sin economicismos, de profesionales de la salud, de técnicos en general, de políticos, de comunicadores sociales y de todos quienes estén fuertemente comprometidos con la condición humana y con su eje en la dignidad[lxxi], porque dignus es lo valioso.

Es precisamente lo que ‑como vimos‑ proclamó el ya mencionado Encuentro de Arlington sobre tecnologías convergentes: el nuevo desarrollo “deberá ser gobernado por el respeto por el bienestar humano y la dignidad”.

* Versión completa del Discurso Inaugural del “IX Congreso Internacional de Derecho de Daños. Derecho Tecnológico”, Asociación de Abogados de Buenos Aires y Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, 11 de octubre de 2007.

[i] Piénsese por ejemplo que los primeros compradores de automóviles se limitaron a adquirir la última maravilla tecnológica, pero el incremento de su número modificó el modo de vida en la ciudad, y dio lugar a las ciudades satélite y a las ciudades dormitorio: Conseil de la Science et de la Technologie, “Miser sur le savoir. La culture scientifique et technologique”, Québec, 1994, pág. 59, http://www.sciencepourtous.qc.ca/references/sondages/cstQc1994.pdf.

[ii] Pueden ser agregados muchos otros cambios: financieros, organizacionales, comerciales, culturales, en el trabajo, así como nuevos modos de relación entre las universidades, las empresas y el Estado: Limoges, C., “De la politique des sciences à la politique de l’innovation: l’État incertain”, en Leclerc, M. (dir.), Les enjeux économiques et politiques de l’innovation, Presses de l’Université du Québec, 1990, pág. 61.

[iii] Sirinelli, P., “Introduction”, en Cour de Cassation, Rapport Annuel 2005: L’innovation technologique, La documentation française, Paris, 2006, pág. 45.

[iv] Ellul, J., "The Technological Society", London, 1965; Jonas, K, “The Imperative of Responsability. In Search of an Ethics for the Technological Age”, Chicago, 1985 (“El principio de responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización tecnológica”, trad. Javier M. Fernández Retenaga, Barcelona, 1995); Messina de Estrella Gutiérrez, G. N., “La responsabilidad civil en la era tecnológica”, Buenos Aires, 1989. Sobre otras denominaciones aignadas a ese fenómeno, ver Alterini, A. A., “Cultura y Derecho Privado”, en Estudios de Derecho Civil, Buenos Aires, 2007, pág. 3.

[v] Lanata, J., “ADN. Mapa genético de los defectos argentinos”, Buenos Aires, 2004, pág. 89.

[vi] En el siglo XVII el viaje de Mendoza a Córdoba insumía 20 días, y a Buenos Aires, 45 días.

[vii] China decidió restringir, durante la edición 2008 de los Juegos Olímpicos, la circulación de automóviles en Beijing, ciudad en la que se miden los niveles de dióxido de nitrógeno más altos del planeta: Reuters, cable del 10.08.2007.

[ix] Mishan, E. J., “Falacias económicas populares”, trad. R. Pérez Pita, Buenos Aires, 1984, pág. 93.

[x] Los frenos de disco fueron patentados en 1902 y aplicados en las cuatro ruedas por la Chrysler en 1950; la BMW incorporó el parabrisas con cristal de seguridad en 1930; la Volvo incorporó difusores antivaho en el parabrisas en 1954, cinturones de seguridad en los asientos delanteros en 1956 y en los asientos traseros en 1960, bloqueo para los niños de las puertas traseras en 1966, asientos de seguridad para niños en 1972, la columna de dirección deformable en 1973 y las luces antiniebla traseras y delanteras en 1978; la Volvo y la Mercedes incorporaron apoyacabezas en 1968; el airbag fue introducido por la Mercedes en 1980, extendiéndolo al acompañante en 1987, y en 1994 la Volvo presentó los airbag laterales; el paragolpes de plástico fue introducido en 1985 y disminuyó la magnitud de los impactos frontales; en 1993 la Mercedes incorporó la barra de protección lateral; en 1999 un Cadillac presentó el primer sistema de visión nocturna y un Saab el apoyacabeza activo que mejora su prestación ante una colisión trasera. Últimamente, la Nissan introdujo el control dinámico para mantener la estabilidad de la dirección del vehículo incluso si el conductor comete errores de manejo, y el control automático de tracción que monitorea las condiciones del terreno y distribuye la tracción entre las ruedas; la BMW, luces inteligentes que se proyectan mejor en la carretera y mejoran la visibilidad y sistemas de estabilización que operan articuladamente los sistemas de mando de tracción y frenos antibloqueo, mejora que también incorporó la Mercedes; la Audi, un radar que alerta al conductor cuando se aproxima otro vehículo, control con aviso de colisión para que el conductor siempre tenga distancia para frenar el vehículo en caso de una emergencia y un sistema de estacionamiento con sensores que previenen la posibilidad de un choque.

[xi] Cour de Cassation, 13 de febrero de 1930, “Jand’heur c/ Galeries Bellfortaises”, Recueil périodique et critique Dalloz, 1930, 1ère. partie, pág. 57.

[xii] Borda, G. A., "La reforma del Código Civil: Responsabilidad extracontractual (I)", en E.D., tº 30, pág. 809, nº 4.

[xiii] Cámara Civil 1º, G.F. 68-61.

[xiv] Cámara de Rosario, J.A. 31-359.

[xv] Bunge, M., “La ciencia. Su método y su filosofía”, 5ª ed., Buenos Aires, 2005, pág. 11.

[xvi] Latour, B., “Science in Action: How to Follow Scientists and Engineers through Society”, Open University Press, 1987.

[xvii] Se considera investigación al trabajo creativo llevado a cabo sobre una base sistemática que contiene un elemento apreciable de novedad y la resolución de una incertidumbre científica y/o tecnológica, la cual no es aparente para alguien familiarizado con el stock de conocimiento del área respectiva y con las técnicas comúnmente usadas en ella. Se considera investigación científica básica al trabajo teórico o experimental que tiende fundamentalmente a la exploración teórica para obtener un conocimiento general y la comprensión de los fundamentos que subyacen en los fenómenos y los hechos observados, con aptitud para resolver problemas prácticos pero sin dar respuesta concreta a ninguno de ellos. Se considera investigación científica aplicada a la que se lleva a cabo para adquirir un nuevo conocimiento para su utilización práctica en la producción o la comercialización. La investigación tecnológica incluye el desarrollo experimental, que es un trabajo sistemático, basado en el conocimiento resultante de la investigación y la experiencia práctica, dirigido a la transformación de una idea en la producción de nuevos materiales, productos o dispositivos, en la instalación de nuevos procesos operativos, sistemas o servicios, o en el mejoramiento sustancial de los que ya son producidos o están instalados.

[xviii] Que tiene estas manifestaciones: “conocimiento de los principales hechos científicos o de los mayores descubrimientos, comprensión de un vocabulario de base y de qué es una gestión científica, una visión del mundo apoyada en la racionalidad, interés por las posturas que rodean la evolución de los sistemas científicos y tecnológicos, en especial en cuanto sus impactos sobre el desarrollo social y económico”: Conseil de la Science et de la Technologie, “Miser sur le savoir. La culture scientifique et technologique”, Québec, 1994, Avant-propos del Presidente Louis Berlinguet, pág. 6. Ver http://www.sciencepourtous.qc.ca/references/sondages/cstQc1994.pdf.

[xix] Conseil de la Science et de la Technologie, “Miser sur le savoir. La culture scientifique et technologique”, cit., Avant-propos del Presidente Louis Berlinguet, pág. 6.

[xx] Ducrocq, A., “Hoy es el futuro”, trad. E. Guidiño Kieffer, Buenos Aires, 1985.

[xxi] Alterini, A. A., “Contornos actuales de la responsabilidad civil”, Buenos Aires, 1987, pág. 17.

[xxii] Wavell, S. - Wroe M., en The Sunday Times (Londres), La Nación, ej. del 21.12.1999.

[xxiii] Suprema Corte de los Estados Unidos de América en autos “Janet Reno, Attorney General of the United States et al, appellants v. American Civil Liberties Union, et al”, sentencia Nº 96-511 del 26.06.97, 117 S.Ct. 2329, 521 U.S. 844 (1997).

[xxiv] Nimmer, R. T., The Law of Computer Technology, Boston-New York, 1985, § 12.05.

[xxv] Criminal hacker, delincuente informático que viola la seguridad de un equipo para beneficio personal o para hacer daño a su objetivo. “Un pirata informático logró jaquear los sistemas de seguridad de una subcontratista de las empresas Mastercard Internacional, Visa International y American Express, entre otras, y robó los datos de 40 millones de clientes de estas tarjetas en los Estados Unidos” (Clarín, ej. del 19.06.2005).

[xxvi] Conforme al art. 128 del Cód. Penal según ley 25.087, “Será reprimido con prisión de seis meses a cuatro años el que produjere o publicare imágenes pornográficas en que se exhibieran menores de dieciocho años, al igual que el que organizare espectáculos en vivo con escenas pornográficas en que participaren dichos menores. En la misma pena incurrirá el que distribuyere imágenes pornográficas cuyas características externas hiciere manifiesto que en ellas se ha grabado o fotografiado la exhibición de menores de dieciocho años de edad al momento de la creación de la imagen. Será reprimido con prisión de un mes a tres años quien facilitare el acceso a espectáculos pornográficos o suministrare material pornográfico a menores de catorce años".

[xxvii] Ferraro, R. A., “La marcha de los locos. Entre las nuevas tareas, los nuevos empleos y las nuevas empresas”, Buenos Aires, 1999, pág. 47.

[xxviii] “En el ámbito laboral al 34% lo stressa el e-mail”, sobre la base de un estudio realizado en la Universidad de Glasgow, La Nación, ej. del 23.09.2007.

[xxix] USA Todas, el del 14.07.2007.

[xxx] Lumbroso, C. “L’uomo delincuente studiato in rapporto alla antropologia, alla medicina legale ed alle discipline carcerarie”, Milano, 1876.

[xxxi] Guillebaud, J.-C., “Le principe d’humanité”, París, 2001, pág. 281.

[xxxii] Es de señalar que la Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos del 11 de noviembre de 1997 de la Unesco establece que “No deben permitirse las prácticas que sean contrarias a la dignidad humana, como la clonación con fines de reproducción de seres humanos“(art. 11).

[xxxiii] Iglesias, G., “Los niños que mañana nacerán de la muerte”, en La Nación, ej. del 04.01.1994.

[xxxiv] Sobre esto, Alterini, A. A., “Hacia el Bioderecho”, en Estudios de Derecho Civil, cit., pág. 69.

[xxxv] “Diamond v. Chakrabarty”, 447 U.S. 303 (1980).

[xxxvi] Guillebaud, J.-C., “Le principe d’humanité”, cit.; http://www.monde-diplomatique.fr/2001/08/GUILLEBAUD/15460.

[xxxvii] Taniguchi, N., "On the Basic Concept of «Nano Technology»", International Conference on Production Engineering, Tokio, 1974.

[xxxviii] Un nanómetro es la mil millonésima parte de un metro, o la millonésima parte de un milímetro.

[xxxix] Aguirre de Carcer, A., “Los ordenadores serán un millón de veces más rápidos con los futuros «biochips»”, en ABC, ej. del 27.02.2000.

[xl] Compuestos orgánicos que integran las cadenas de ADN.

[xli] “La Nación”, ej. del 17.09.2007.

[xlii] Descartes, R., “El tratado del hombre”, trad. G. Quintás, Madrid, 1990; “Meditaciones metafísicas con objeciones y respuestas”, trad. E. López y M. Graña, Madrid, 1997.

[xliii] La discusión sobre la posibilidad de una inteligencia artificial fuerte, que pueda reproducir mecánicamente la actividad mental es añeja: ver Jefferson, G., “The mind of mechanical man”, The Lister Oration delivered at the Royal College of Surgeons of England on 9 June 1949, en the British Medical Journal, vol. 1, junio de 1949; Turing, A. M., ”Computing machinery and intelligence”, 1950, en Mind, vol. LIX, Nº 36 (1950), pág. 433 y “Máquinas computadoras e inteligencia” en Turing, A. M. - Putnam, H. - Davidson, D., Mentes y máquinas, trad. P. Navarro, Madrid, 1985, pág. 11.

[xliv] Amodio, D. M., Jost, J. T., Master, S. L., Yee, C. M., “Neurocognitive correlates of liberalism and conservatism”, en Nature Neuroscience, 09.09.2007.

[xlv] Calvin, W. H., “How Brains Think: Evolving Intelligence, Then and Now”, Basic Books, 1997, cap. 8.

[xlvi] En su art. 2, “Primacía del ser humano”, dispone que “El interés y el bienestar del ser humano deberán prevalecer sobre el interés exclusivo de la sociedad o de la ciencia”.

[xlvii] Glover, J., “El hombre prefabricado. Problemas éticos de la ingeniería genética”, trad. M. Guastavino, Barcelona, 1986, pág. 229.

[xlviii] Información sobre las características hereditarias de las personas, obtenida por análisis de ácidos nucleicos u otros análisis científicos.

[xlix] Información relativa a las proteínas de una persona, que incluye su expresión, modificación e interacción.

[l] Unesco, Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos del 11 de noviembre de 1997, art. 13.

[li] Magnani, L., “Moral Mediators - How artifacts make us moral”, en I-lex. Journal of Law, cognitive science and artificial intelligence, nº 7, 2007, pág. 1, http://www.i-lex.it/articles/volume3/issue7/magnani.pdf.

[lii] Como la pantalla delgada como un papel para ver un televisor inalámbrico, o un inversor de frecuencia que permitirá eliminar ruidos y dormir con las ventanas abiertas: de Riedmatten, E., “XXIe Siècle: Les innovations qui vont changer notre vie”, Paris, 2005.

[liii] Abdul Waheed Khan (Subdirector General de la Unesco para la Comunicación y la Información), en “Towards Knowledge Societies. An Interview", Unesco, 18-07-2003. También Sakayya, T., “Historia del futuro. La sociedad del conocimiento”, trad. C. Gardini, Santiago de Chile, 1995.

[liv] Morin, E., “Globalización: civilización y barbarie”, en Clarín, ej. del 15.01.2002.

[lv] Alterini, A. A., “Hacia el Bioderecho”, en Estudios de Derecho Civil, cit., pág. 69.

[lvi] Jonas, H., “El principio de responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización tecnológica”, cit., pág. 65.

[lvii] “Con el fin de proteger el medio ambiente, los Estados deberán aplicar ampliamente el principio de precaución conforme a sus capacidades. Cuando haya peligro de daño grave e irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces en función de los costos para impedir la degradación del medio ambiente”. En el Derecho Internacional el principio nació en la Segunda Conferencia Internacional sobre la Protección del Mar del Norte (1987).

[lviii] Ver Kourilsky, Ph. - Viney, G., “Le principe de précaution”, Rapport au Premier Ministre, 15 Octobre 1999, en http://lesrapports.ladocumentationfrancaise.fr/BRP/004000402/0000.pdf.

[lix] Ver von Wright, G. H., La lógica de la preferencia”, trad. R. J. Vernengo, Buenos Aires, 1967.

[lx] Wangari Muta Maathai, Premio Nobel de la Paz 2004, en la conferencia Nóbel pronunciada en Oslo el 10 de diciembre de 2004, http://www.nobel.no/eng_lec_lau.html.

[lxi] Cit. por Coase, R., “El análisis económico en Chicago”, en Themis, nº 44, 2ª época, Lima, Perú, 2002, pág. 15.

[lxii] Alberto Kornblihtt, reportaje (“Las universidades privadas son nada más que enseñaderos”) en La Nación, ej. del 23.06.2007.

[lxiii] Unesco, Conferencia Mundial sobre la Ciencia para el Siglo XXI: Un nuevo Compromiso (Budapest, junio/julio de 1999).

[lxiv] Vanossi J. R., “Ciencias «duras» y ciencias «blandas»: ¿Compartimientos estancos o apoyaturas metodólogicas compartidas?”, Comunicación a la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas, 23 de julio de 2003, en http://www.ancmyp.org.ar/user/files/Ciencias_duras_y_ciencias_blandas-Vanossi-2003.pdf.

[lxv] de Sousa Santos, B., “La Transición Posmoderna. Derecho y política”, trad. M. J. Añon Roig, en Doxa. Cuadernos de Filosofía del Derecho, nº 6 (1989), pág. 223.

[lxvi] Morin, E., en el “Encuentro internacional «Ética y Desarrollo» organizado en Washington por el B. I. D., diciembre de 2000.

[lxvii] Beck, U., “Teoría de la modernización reflexiva”, en Beriain, J., (comp.), Las consecuencias perversas de la modernidad. Modernidad, contingencia y riesgo, trad. C. Sánchez Capdequí, Barcelona, 1996, pág. 228.

[lxviii] Ver, entre muchos: Jonas, K., “El principio de responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización tecnológica”, cit.; Singer, P., “One World: The Ethics of Globalization”, 2nd. ed., Yale University Press, 2004; Guillebaud, J.-C., “Le principe d’humanité”, cit.; Glover, J., “El hombre prefabricado. Problemas éticos de la ingeniería genética”, cit.; Bourcier, D - Casanovas, P. (ed.), “Inteligencia artificial y Derecho”, Barcelona, 2003; Bird, D. (ed.), “Nanotechnology Challenges: Implications for Philosophy, Ethics and Society”, World Scientific Publishing Co., 2006.

[lxix] Bunge, M., op. cit., pág. 46.

[lxx] Alterini, A. A., “Hacia un Geoderecho”, en Estudios de Derecho Civil, cit., pág. 77.

[lxxi] El Preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas de 1945 “reafirma la fe en los derechos humanos fundamentales, en la dignidad y el valor de la persona humana”. Conforme al art. 11 de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 toda persona tiene derecho “al reconocimiento de su dignidad”. En 1966 el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales declararon la “dignidad inherente a la persona humana”. El art. II-61 de la Constitución Europea dispone: “La dignidad humana es inviolable. Será respetada y protegida”, coincidiendo con el art. 1º de la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea aprobada en Niza el 7 de Diciembre de 2000 por el Parlamento Europeo, el Consejo y la Comisión.

 

 
 

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