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Y ¿qué hacen
actualmente los intelectuales? Los intelectuales han
dejado de pensar.
Ulrich Beck, “Libertad o capitalismo”.
PERSPECTIVAS ÉTICAS
Y JURÍDICAS
DE LAS TECNOLOGÍAS CONVERGENTES
por Atilio Aníbal Alterini (*)
SUMARIO.
1. La rueda y su secuela. 2. El siglo XXI y las
tecnologías convergentes: a) Informática; b)
Biotecnología; c) Nanotecnología; d) Cognociencia. 3.
Perspectivas éticas y jurídicas. 4. Tiempo de pensar.
1. La rueda y su secuela
1.- La incorporación de cualquier tecnología produce
cambios, tanto en la sociedad[i]
como en la economía y en el Derecho[ii],
y “las nuevas técnicas de una época aparecen en los
museos de otra”[iii].
Podría denominarse Derecho Tecnológico al área
comprensiva de las repercusiones en lo jurídico de la
totalidad de los inventos y desarrollos científicos y
técnicos producidos a lo largo de los tiempos que, en
coincidencia con la Mundialización, derivaron
en la que algunos denominan Era Tecnológica[iv]
como modo de designar el perfil de los asombrosos
avances que arrancaron en la década de los años ’50
del siglo XX en el marco del fenómeno generalmente
rotulado como Globalización.
2.- La rueda fue inventada hace 40 siglos en Sumeria y
permitió trasladar más fácilmente cosas o personas.
Mucho después fue inventado el vehículo, un
instrumento formado principalmente por ruedas y un
habitáculo central destinado a conducir cosas o
personas, impulsado por tracción humana o animal. En
1886 Karl Benz patentó en Berlín el primer vehículo
movido por un motor a explosión, que era
un triciclo con un pequeño motor de un solo cilindro.
En 1896 circuló en Detroit el primer automóvil con
motor de gasolina conducido por su constructor, Henry
Ford, que en 1908 lanzó el Ford T, con un motor de 4
cilindros y 20 caballos de potencia, del cual se
produjeron 15.007.034
unidades, marcando un récord recién superado en 1972
por el Escarabajo de Wolkswagen; en Buenos Aires, en
el Barrio de la Boca, la Ford fabricó 100 mil unidades
de aquel modelo. En 1907 se sancionó la ley 5.315
‑resultante de un proyecto del ingeniero Emilio Mitre‑
que aplicó una proporción de los ingresos de los
ferrocarriles a la construcción de caminos.
En 1824 el inglés George Stephenson construyó una
locomotora de vapor siguiendo la idea que había
propuesto Richard Trevichick en 1801. En 1830 se
habilitó la línea Liverpool-Manchester para el
transporte de pasajeros y de carga con locomotoras de
vapor. El 29 de agosto de 1857 circuló entre la
Estación del Parque (hoy Teatro Colón) y San José de
Flores un tren arrastrado por “La Porteña”, una
pequeña locomotora fabricada en Inglaterra, veterana
de la guerra de Crimea, que llevaba 2 vagones. En
Argentina el ferrocarril tuvo un desarrollo
vertiginoso entre 1906 y 1915, y su sistema llegó a
ocupar el décimo lugar en el mundo con cerca de 47.000
kilómetros de vías.
En marzo de 1662 ‑a instancias de Blas Pascal‑ el
Duque de Rouanes consiguió autorización del Rey Luis
XIV para hacer circular en París vehículos de
transporte público traccionados por caballos, con
capacidad para 8 pasajeros. La denominación ómnibus
nació en la ciudad de Nantes: a principios del siglo
XIX Étienne Bureau utilizó un vehículo para
transportar a sus empleados entre dos
establecimientos, el cual estacionaba delante de la
sombrerería de un tal Omnès, donde había un letrero en
el que se leía Omnes omnibus (o sea, sugería
que la sombrerería de Omnès era para todos), y los
usuarios se habituaron a decir “Yo tomo el ómnibus”.
Un antiguo médico y coronel del ejército imperial
francés, Stanislas Baudry, por la misma época puso en
servicio unos vehículos derivados de las diligencias
que podían transportar 15 pasajeros, incluido el
cobrador ‑que circulaban entre el centro de Nantes y
los baños termales (los Bains de Richebourg) de
su propiedad sitos en los suburbios‑, y en 1828
inauguró una empresa en París que hacía el recorrido
de la Bastilla a la Madeleine y al Carrousel, a la que
denominó
Entreprise Générale des Omnibus.
En Buenos Aires, hacia 1928, en los fines de semana
varios taxistas transportaban 6 pasajeros en cada
automóvil, con una tarifa reducida y con recorrido
fijo, saliendo de Plaza de Mayo o el Hipódromo de
Palermo. A partir de esa idea, el carpintero Ángel Di
Césare y el taxista Alejandro Castelvi prolongaron con
maderas y lonas un taxímetro e introdujeron en Buenos
Aires el colectivo, que en realidad había nacido 14
años antes, en Los Ángeles, donde se denominaba
popularmente como jitney al Ford T que cargaba
5 pasajeros y hacía recorridos fijos con una tarifa
única, en competencia con el tranvía[v].
El tranvía a tracción de sangre comenzó a funcionar en
Gran Bretaña en 1807, y a partir de 1852 se aplicó el
invento de Alphonse Loubat de incrustar las vías en el
pavimento. Luego aparecieron el tranvía con motor de
vapor y el tranvía con motor eléctrico, el primero de
los cuales circuló en Lichterfelde, Alemania, en
1881.
3.- El invento de la rueda posibilitó así que milenios
después se desarrollara el transporte terrestre como
hoy lo conocemos, empleándose vehículos cada vez más
confortables y más rápidos con el consiguiente ahorro
de tiempo[vi].
En la Unión Europea hay un automóvil cada dos
habitantes, en los Estados Unidos de América hay 4
automóviles por cada 5 habitantes. El incremento del
número de vehículos, de sus niveles de utilización y
de su tamaño, que incrementa correlativamente el
consumo de combustible, produce una cada vez mayor
difusión de dióxido de carbono, hidrocarbono, monóxido
de carbono y óxido de nitrógeno resultantes del
proceso de combustión, de modo que el automóvil es el
primer factor de polución ambiental[vii].
El automóvil es también un factor primordial de
siniestralidad. En el año 1889 en Estados Unidos hubo
un solo muerto debido a un accidente de tránsito pero,
según la Organización Mundial de la Salud, a causa de
esos accidentes en el mundo actualmente mueren cada
año 1,2 millones de personas, y 400 mil de ellas son
jóvenes menores de 25 años; de 20 a 50 millones más
sufren traumatismos o discapacidades. En Argentina se
producen más de 20 muertes por día y 120 mil heridos
al año. De tal modo la principal causa de muerte de
jóvenes de entre 10 y 24 años no es el SIDA, ni el
cáncer, ni cualquier otra enfermedad, sino los
accidentes de tránsito.
Más allá de lo terrible de esa masacre persistente,
los accidentes de tránsito provocan graves problemas
para los sistemas de salud y las economías en general.
En el mensaje para la Primera Semana Mundial sobre la
Seguridad Vial de las Naciones Unidas (abril de 2007)
el Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-mon,[viii]
señaló: “Las muertes y
lesiones causadas por el tránsito también suponen una
enorme carga para los sistemas internos de atención
sanitaria y las economías nacionales en general. El
problema es aún más agudo en las regiones donde los
jóvenes constituyen una parte importante de la
población. Por término medio, las lesiones causadas
por el tránsito cuestan a los países de ingresos
medios y bajos más de un 1% del producto nacional
bruto. Por todos esos motivos, las lesiones causadas
por el tránsito son un importante obstáculo para el
desarrollo”. En efecto, se calcula que los accidentes
de tránsito tienen un costo mundial de 518 mil
millones de dólares por año, y que en los países de
ingresos bajos y medios su costo representa 100 mil
millones de dólares, cifra superior al
monto total recibido por
esos países en asistencia para el desarrollo.
4.- El Estado adoptó desde siempre medidas de
prevención para evitar la siniestralidad, declarando
en otros tiempos propósitos de protección de la
persona humana, y orientándose últimamente por
criterios economicistas en boga que tienden a evitar
la pérdida de horas de trabajo y a no incrementar los
costos sociales resultantes de los sistemas de salud y
de la mayor actividad de los servicios de policía y de
administración de justicia[ix].
En la época de Augusto se habían producido en Roma
casos de peatones atropellados en las calles, por lo
cual ‑en el marco de las reformas urbanísticas
llevadas adelante por Agripa- se crearon zonas
peatonales en las que el tránsito de vehículos quedaba
restringido a las horas de la noche. La ley del
tránsito 24.449 requiere ciertas condiciones de
seguridad para los vehículos y dispone que antes de
ingresar en la vía pública el conductor debe verificar
esas condiciones; además hace obligatorio el uso del
cinturón de seguridad, que fue inventado por la Volvo
en 1956. Los fabricantes también fueron incorporando
elementos de seguridad en los vehículos[x].
La primera autopista con dos carriles para cada
sentido de circulación fue trazada en 1932 entre las
ciudades alemanas de Bonn y Colonia.
5.- Diecisiete siglos antes de Cristo las leyes 271 y
272 del Código de Hammurabi se refirieron al precio en
la locación de carros. Las Leyes de Manú 291 a 298
impusieron multa en caso de que se produjeran daños
por culpa o por descuido del cochero o cuando éste era
torpe, pero eximieron de ella en casos de rotura de
las bridas, el yugo, las cinchas, el cabestro, las
riendas, el eje o la rueda, así como si el coche
volcaba a causa de la desigualdad del terreno o cuando
el cochero había gritado “¡Cuidado!”.
El art. 1384 del Código Civil francés estableció la
responsabilidad por las cosas que se tienen bajo la
guarda, y el art. 1113 del Código Civil argentino
extendió la responsabilidad del que ha causado un daño
a las cosas de que se sirve o tiene a su cuidado. La
Corte de Casación francesa consagró la responsabilidad
objetiva para los daños causados por automotores
mediante una presunción de responsabilidad a cargo del
guardián, que “sólo puede ser destruida por la prueba
de un caso fortuito o de fuerza mayor o de una causa
extraña que no le sea imputable; no siendo suficiente
probar que no ha cometido ninguna culpa o que la causa
del hecho dañoso ha permanecido desconocida”[xi];
y en Argentina la reforma de 1968 al art. 1113 del
Código Civil la introdujo oficialmente para los
daños causados “por el riesgo o vicio de la cosa”,
pues ya la jurisprudencia "la había aplicado por su
cuenta"[xii].
Antes, los tribunales habían discutido otras
situaciones, por ejemplo si constituía caso fortuito
el tránsito de un vehículo, respondiendo negativamente
tanto para el tranvía[xiii]
como para el camión[xiv].
2.
El siglo XXI y las tecnologías convergentes
6.-
El conocimiento racional, sistemático, exacto y
verificable ‑aunque sea falible y perfectible‑ al que
se denomina ciencia ha permitido hacer “una
reconstrucción conceptual del mundo que es cada vez
más amplia, profunda y exacta”[xv].
Los resultados de la actividad científica se aplican a
la invención y a la manufactura de bienes materiales y
culturales mediante la tecnología. Históricamente, los
creadores de la tecnología fueron principalmente
artesanos cuyas habilidades se basaban completamente
en el conocimiento empírico. Pero a partir de la
Revolución Industrial de los siglos XVIII y XIX la
ciencia comenzó a cimentar nuevos inventos que
favorecieron el desarrollo de la tecnología y la
industria, y a su vez la tecnología brindó
herramientas al servicio de las ciencias
experimentales mediante instrumentos que facilitaron
su crecimiento.
En tiempos modernos se desarrollaron los conceptos
actuales de ciencia y de tecnología, que el
filósofo-sociólogo de la ciencia francés Bruno Latour
propuso unificar en el concepto de tecnociencia[xvi].
Latour distingue como modelos de conocimiento
científico a la ciencia y a la investigación. La
ciencia es un saber que pretende certidumbre, que
clausura controversias con sus conclusiones halladas a
través de una pesquisa libre de ingerencias externas,
un saber que va de la oscuridad a la claridad. En
cambio la investigación introduce complejidad, no
zanja definitivamente la controversia sino que a
menudo suele alimentarla y abrir nuevos horizontes de
incertidumbre[xvii].
7.- La política científica es un aspecto de la
política de gobierno, porque concierne, entre otros, a
los objetivos de bienestar de los ciudadanos y
desarrollo de la economía. El Consejo de la Ciencia y
de la Tecnología ‑un organismo consultivo que depende
del Ministro de Desarrollo Económico, de la Innovación
y de la Exportación de Québec- ha señalado
enfáticamente: “La cultura científica y tecnológica[xviii]
es la llave para comprender el mundo que viene y
actuar en él. Esa cultura debe enriquecer y completar
nuestra visión humanista. Toda demora en asumir esta
necesidad, colectiva e individualmente, no puede sino
entrañar consecuencias negativas respecto de nuestro
porvenir”[xix].
A fines de 1944 el entonces presidente de los Estados
Unidos de América Franklin Delano Roosevelt dirigió
una carta a Vannevar Bush, por entonces Director de la
Oficina de Investigación y Desarrollo Científico (Office
of Scientific Research and Development,
Osrd) en
vísperas de la conclusión de la guerra, inquiriéndole
cómo podía contribuir la ciencia a mejorar la salud,
cómo podía el gobierno apoyar la investigación, y cómo
podía ser descubierto y desarrollado el talento de los
jóvenes. La respuesta fue contenida en el documento de
1945 Ciencia, la frontera infinita (Science,
the Endless Frontier) que fue enviado al entonces
presidente Harry S. Truman, y dio comienzo a la
denominada política científica, definida e impulsada
por el Estado.
Corrieron los tiempos. En junio de 2002, en el
encuentro Converging Technologies for Improving
Human Performance -llevado a cabo por la
National Science Foundation
en Arlington, Virginia- se analizó el nuevo concepto
científico de NBIC (Nano-Bio-Info-Cogno) que abarca la
nanociencia y la nanotecnología; la biotecnología y la
biomedicina, incluyendo la ingeniería genética; la
tecnología de la información, incluyendo computación
avanzada y comunicaciones; y la ciencia del
conocimiento, incluyendo la neurociencia del
conocimiento.
La noción de tecnologías convergentes implica la
combinación sinérgica de esas cuatro áreas mayores de
la ciencia y la tecnología, y en el Reporte del
encuentro se dice que es preciso experimentar con
ideas innovativas para motivar búsquedas
interdisciplinarias y desarrollo, mediante caminos que
las vinculen con “lo ético, lo legal y lo moral”. “En
muchas áreas de aplicación, como la tecnología médica
y el cuidado de la salud ‑agrega‑, es necesario
acelerar los avances que permitirían aprovechar las
tecnologías convergentes”. Se destaca también la
incidencia a largo plazo que las tecnologías
convergentes tendrán en franjas claves de la actividad
humana, incluyendo el trabajo, el aprendizaje, el
envejecimiento, la interacción de grupos y la
evolución humana. Con visión prospectiva, se expresa
que “Si tomamos hoy las decisiones correctas, con las
inversiones necesarias, muchas de estas visiones
pueden ser ejecutadas en 20 años. Adelantando
simultáneamente en varios de estos senderos se puede
llegar a una edad de oro, a una época que
representaría un punto de cambio en la historia
humana”. “Es fundamental y de gran alcance urgir las
transformaciones de la ciencia, la ingeniería y la
tecnología a sus verdaderas raíces. El nuevo
desarrollo será revolucionario y deberá ser gobernado
por el respeto por el bienestar humano y la dignidad”.
a) Informática.
8.- Hace 20 años hice este pronóstico: “Los países
centrales o desarrollados ‑y, en alguna medida, los
periféricos o subdesarrollados‑ ya ingresaron en lo
que algún autor[xx]
se resiste a denominar «tercera revolución
industrial», no por exceso conceptual, sino porque el
término «aparece como demasiado débil»: el estampido
de la informática (que involucra a la burótica, la
telemática y la robótica) y de la biotecnología,
cuando menos, constituyen dos de las características
de los tiempos próximos, y cualquier análisis que no
adolezca de ingenuidad conducirá a predecir un aumento
de las causas de daños potenciales”[xxi].
Muchas veces hasta los más avisados no han advertido
la trascendencia de la innovación tecnológica: del
mismo modo que en 1899 se leía en la Revista
Literary Digest ‑publicada en Nueva York por Funk
& Wagnalls- que “El carruaje sin caballo es en el
presente un lujo para los ricos; y aunque su precio
probablemente caerá en el futuro, nunca, por supuesto
será tan de uso común como la bicicleta”, en 1943
Thomas Watson ‑presidente de IBM‑ dijo: "Creo que en
el mundo sólo hay mercado para unas 5 computadoras", y
Bill Gates dijo en 1981 que "Una computadora con 640
kilobytes de memoria debería ser suficiente para
cualquier usuario"[xxii].
No obstante, la informática e Internet han sido ejes
de la revolución tecnológica.
Internet es “una red internacional de computadoras interconectadas, que
permite comunicarse entre sí a decenas de millones de
personas, así como acceder a una inmensa cantidad de
información de todo el mundo”, que no está “instalado
en alguna ubicación geográfica especial, pero está
disponible para cualquiera, en cualquier lugar en el
mundo con acceso a Internet”[xxiii],
y que permite la comunicación y el intercambio
de información en los planos nacional e internacional.
Combina hardware, una red de
computadoras interconectadas telefónicamente, mediante
cable coaxil o fibra óptica; y software, un
conjunto de protocolos y lenguajes que permiten el
funcionamiento del sistema.
La red mundial WWW (World Wide Web) es el universo de
información accesible a través de Internet
contiene en Internet una colección inmensa de páginas,
con una información fabulosa, que aloja servidores y
sitios web, páginas, portales, buscadores. A la vez,
con un dominio habilitado, permite la comunicación por
e-mail, que equivale a una carta enviada a un
destinatario o a un grupo de destinatarios[xxiv].
Como todo mecanismo informático, Internet somete a
riesgos los derechos de la personalidad, pero los
agrava y los potencia. El destinatario de Internet es
el mundo, y cualquiera del mundo puede usar Internet
para enviar mensajes generando spam, o para
fisgonear en la computadora ajena, o para invadirla y
dañarla. Hay expertos en informática que entran en
sistemas de acceso restringido o hackers;
delincuentes informáticos o crackers[xxv];
hay virus y quienes los crean y quienes los difunden;
gusanos, que envían mensajes independientemente de
la voluntad del operador
y producen epidemias informáticas; troyanos,
programas espías que
aparentemente realizan una tarea inofensiva y en
realidad llevan adelante otra completamente distinta y
dañina; back orifices,
que permiten que la computadora sea operada
remotamente por un extraño; existen el
phishing y el pharming que duplican
delictivamente una página web para confundir al
navegador a fin de que crea que está en la página
original; los key logger y los screen
scrapers, que se emplean en computadoras de uso
público y registran lo que el usuario teclea o ve en
el monitor.
La indecencia parece inagotable.
Mediante Internet el material pornográfico está al
alcance de la gente, y en especial de los niños, pues,
como en una gran ciudad sin policía, los depravados
navegan libremente por la red en busca de captar
menores indefensos para pervertirlos[xxvi].
Pero hay que prevenir que este mismo temor por la
publicación de material pornográfico existió cuando, a
fines del siglo XV, Aldus Manutius difundió desde
Venecia el libro portátil, que al estar en manos de
mucha gente favoreció la revolución científica del
siglo XVII; lo cual ha hecho decir que “el proceso de
democratización del conocimiento siempre plantea más o
menos el mismo tipo de problemas”[xxvii].
Los
problemas jurídicos que plantea Internet son de muy
amplio espectro. Su Derecho será articulado con normas
técnicas y jurídicas, incluidas las prácticas y las
reglas de conducta, en paralelo al sistema legal de
las legislaciones nacionales. Al respecto, el
60º Considerando de la Directiva Europea sobre
Comercio Electrónico 2000/31 señala la necesidad de un
marco jurídico que “sea sencillo, claro y seguro, y
compatible con las normas vigentes a escala
internacional”.
Los e-mails pueden causar stress[xxviii],
e Internet también puede llevar al AID (Internet
Adiction Disorder), cuyos síntomas son problemas
emocionales como depresión y ansiedad, con
sentimientos desagradables o situaciones de stress
para los cuales Internet sirve como paliativo mediante
el escape hacia el mundo de la fantasía. Michael y
Iana Strauss tienen dos hijos, un varón de 22 meses de
edad y una niña de 11 meses; fueron condenados por una
Corte de Nevada porque los menores sufrieron daños
importantes y estuvieron próximos a la muerte a causa
del abandono de sus padres por su adicción a Internet:
el hijo varón padecía inanición, una disminución de la
masa muscular que le dificultaba la movilidad y una
infección genital; la niña pesaba 5 kilogramos, tenía
una infección bucal, sequedad en la piel y una severa
deshidratación, y debió afeitársele el cabello porque
se había enmarañado por la orina de gato[xxix].
b) Biotecnología.
9.- La biotecnología aplica un conocimiento técnico en
organismos vivos mediante la manipulación genética. En
su campo de acción la ingeniería genética abarca las
técnicas de manipulación del genoma, pues conociendo
los mapas genéticos de las especies es posible
introducir modificaciones en las más variadas
expresiones de la naturaleza y la vida humana. En la
ingeniería genética sobresalen los organismos
transgénicos de todo tipo, desde microorganismos hasta
mamíferos. Los anticuerpos monoclonales son aplicables
especialmente a la curación de ciertas formas de
cáncer, y su descubrimiento dio el premio Nóbel de
1984 al científico argentino César Milstein. La
Declaración 12ª de la Conferencia de Premios Nobel
realizada en el Palacio del Elíseo de Paris, en 1988,
proclamó que "debe darse impulso a la biología
molecular, que gracias a sus progresos recientes
permite albergar la esperanza de que la medicina dé
pasos importantes hacia delante y logre develar la
dimensión genética de determinadas enfermedades,
contribuyendo así a preverlas y, tal vez, a curarlas".
Las proyecciones que tiene la biociencia para la gente
son inmensas. Las investigaciones sobre el genoma
humano han permitido delinear el mapa genético del
individuo, mediante la determinación de la totalidad
de secuencias de ADN portadoras de genes que contiene
una célula humana, y ha permitido establecer que, de
alguna manera, el ser depende de sus genes. En la vida
privada, el conocimiento de la identidad genética
puede determinar con quién se debe formar pareja,
porque las características del ser condicionan la
convivencia más o menos pacífica en un proyecto de
vida en común con vocación de futuro; cuántos hijos se
habrán de tener; cuál será la salud de éstos. El
conocimiento de la identidad genética también va a
permitir, en lo que concierne a la vida privada,
establecer dónde se debe vivir, qué se debe consumir;
pasando de la medicina preventiva a la medicina
predictiva, a qué enfermedades se es propenso, como la
artrosis o el paro cardíaco; pero no se trata sólo de
enfermedades, sino también de características de la
persona: la propensión a la obesidad o a la calvicie;
el nivel de inteligencia; los rasgos de la
personalidad en general.
Esto está íntimamente relacionado con el derecho a la
intimidad, que abarca la protección de los datos
genéticos. Pero en la vida social va a haber una gran
presión por conocer los datos genéticos: presionarán
los empleadores, que no van a querer que deje de
amortizarse el costo de formación de un obrero si éste
va a concluir su vida útil rápidamente por la
propensión genética a cierta enfermedad invalidante; y
presionarán los aseguradores, que van a declarar no
asegurables, o asegurables sólo mediante el pago de
primas insoportables, a aquéllos que tengan cierta
propensión genética a las enfermedades, o a la muerte
prematura. ¿No llegará a negarse la seguridad social a
las mujeres que se nieguen a abortar cuando de la
investigación genética del feto resulte la propensión
a sufrir una enfermedad de transmisión hereditaria?.
Desde la perspectiva del Derecho Penal el conocimiento
del genoma puede hacer renacer la idea lombrosiana de
l’uomo delinquente[xxx],
el que nace delincuente, el degenerado, y se corre el
riesgo de que se pretenda considerar no-humanos a
ciertos enfermos, a los que están en coma, a los
seniles, “a los delincuentes, y por qué no, a los
pobres”[xxxi].
Es bueno recordar aquí que Sócrates, Julio César,
Petrarca, Molière,
Händel, Napoleón,
lord Byron, Berlioz, Dickens, Dostoyevski, Flaubert,
van Gogh y Gershwin fueron
epilépticos a quienes el oscurantismo habría
considerado eliminables.
En 1993 Jerry Hall y Robert Stilmann, de
la George Washington University, divulgaron datos
relativos a experimentos de escisión gemelar (splitting)
de embriones humanos; el 27 de febrero de 1997 la
revista Nature dio noticia del nacimiento mediante
clonación de la oveja Dolly, llevada a cabo por los
científicos escoceses Jan Vilmut y K. H. S. Campbell
con sus colaboradores del Roslin Institute de
Edimburgo, no tratándose de una escisión gemelar sino
de una novedad radical consistente en una reproducción
asexual y agámica encaminada a producir individuos
biológicamente iguales al individuo adulto que
proporciona el patrimonio genético nuclear[xxxii].
Las nuevas tecnologías también permiten la
inseminación artificial y la inseminación in vitro,
sin transferencia de embriones o con ella, el alquiler
de vientres, el cambio de núcleo en el óvulo o en el
esperma, el desarrollo de óvulos no fecundados, los
injertos de óvulos, la gestación de embriones humanos
en úteros no humanos o en laboratorio (con una matriz
y con una placenta artificiales) y la destrucción
selectiva de los embriones que no superan el examen
genético, el empleo de embriones luego de la muerte de
sus padres, la ICSI (inyección introcitoplásmica de
esperma) que permite procrear a hombres con esperma
anormal o sin espermatozoides maduros con tal de que
se disponga de óvulos y de un útero, al implante de un
embrión en el abdomen de un varón previo tratamiento
hormonal, a la autoprocreación femenina, a la
fertilización de óvulos de mona o de hamsters con
semen humano, a la fertilización de óvulos extraídos a
fetos femeninos concebidos con ese objeto que
generarán niños cuyas madres jamás nacieron y cuyos
restos fueron desechados[xxxiii].
Desde fines de la década de los años ’70 se plantearon
fuertes polémicas éticas y jurídicas a raíz de varios
casos: el de los bebés de probeta a partir del
nacimiento de Louis Brown en Inglaterra; el de los
bebés del hielo, esto es los resultantes de
embriones congelados, a partir del nacimiento de Zoe,
en Australia. En el caso de los bebés de Melbourne
una mujer casada, con el consentimiento del marido,
dio sus óvulos para ser fecundados in vitro con
esperma de un tercero, los embriones fueron
congelados, y posteriormente ambos cónyuges murieron
en un accidente aéreo. En el caso de los bebés que
vinieron del pasado la conviviente (Simone) y la
viuda (Corinne) litigaron entre sí porque ambas
pretendían hacerse inseminar artificialmente con
esperma del hombre muerto[xxxiv].
Se ha llegado al patentamiento de la vida y de seres
vivos. En los Estados Unidos de América un científico
desarrolló una bacteria apta para tratar los derrames
de petróleo, y pretendió patentarla; la ley prohibía
patentar seres vivos, pero la Suprema Corte decidió
que “un microorganismo vivo, hecho por el hombre”, es
patentable en tranto “constituye una «manufactura» o
«composición de la materia»” en los alcances de la ley[xxxv].
La Directiva Europea 99/44
de Protección de las Invenciones Biotecnológicas
permite patentar un "elemento aislado del cuerpo
humano u obtenido mediante un procedimiento técnico,
[...] aun en el caso de que la estructura de dicho
elemento sea idéntica a la de un elemento natural".
La población del mundo crece, la extensión territorial
para sembrar es la misma y buena parte de la tierra
disponible está comenzando a ser destinada a cultivos
de caña de azúcar y maíz para elaborar biocombustibles,
lo cual hace necesario utilizar las nuevas tecnologías
para producir alimentos.
Quizá por ello “Se está llevando a cabo una verdadera
carrera hacia los genes en todo el planeta. Puede
verse cómo algunas grandes empresas buscan apropiarse,
gracias al sistema de patentamiento de lo viviente, el
gen raro, la bacteria útil, la semilla eficaz, la
especie animal preciosa. Lo que hasta hace poco
participaba todavía de la hermosa gratuidad del mundo
(las res nullius del Derecho Romano) o provenía
del esfuerzo humano acumulado durante varias
generaciones de campesinos, se ha convertido hoy en
algo privatizable. Se trata de repartirse lo más
rápidamente posible ese nuevo Eldorado genético,
parcelándolo con barreras jurídicas, perímetros
privativos, estampillados comerciales, etcétera”[xxxvi].
c)
La Nanotecnología.
10.- En una conferencia sobre el futuro de
la investigación científica dictada en 1959, Richard
Feynmann -Premio Nóbel de Física en 1965- dijo que, a
su "modo de ver, los principios de la Física no se
pronuncian en contra de la posibilidad de maniobrar
las cosas átomo por átomo". La Nanotecnología fue
definida por primera vez en 1974 por Norio Taniguchi
‑profesor emérito de la Tokyo Science University‑,
en términos que siguen siendo considerados válidos:
“Nanotecnología consiste en el proceso de separación,
consolidación y deformación de materiales por un átomo
o una molécula”[xxxvii].
Aludió de tal modo a procesos ‑que tienen como
referencia la nanoescala, esto es medidas
extremadamente pequeñas[xxxviii]-
que permiten trabajar y manipular las estructuras
moleculares y sus átomos, pudiéndose fabricar
materiales y máquinas o contribuir al mejoramiento de
la salud a partir del reordenamiento de átomos y de
moléculas, haciendo así posible curar enfermedades
desde dentro del cuerpo y al nivel celular o
molecular.
En 1994 Leonard Adelman, un científico informático de
la Universidad de Southern California sugirió ‑en el
que se considera el primer experimento de
nanotecnología‑ que el ADN podría ser empleado para
resolver problemas matemáticos de alta complejidad
usando una nanocomputadora que trabajaría mediante la
hibridación del ADN, que permitió el denominado
procesamiento paralelo en lugar del procesamiento
lineal (de un proceso por vez) que utilizan el cerebro
humano y las computadoras convencionales.
En el campo de la medicina aparecieron la
nanotecnología biomédica, la bionanotecnología y la
nanomedicina, y los nanomateriales ‑similares en
tamaño a la gran mayoría de las estructuras y las
moléculas biológicas‑ tienen aplicaciones como agentes
de contraste para imágenes celulares y agentes
terapéuticos para el tratamiento de cáncer o como
vehículos para la liberación de drogas o medicamentos,
y pueden ser funcionalizados con agentes biológicos;
la nanofiltración mediante membranas con poros de
tamaño nanométricos es aplicable a la diálisis.
Mediante la nanotecnología, dispositivos cien veces
más delgados que un pelo podrán ser implantados en el
cuerpo humano para liberar proteínas, fármacos y
genes, que corregirán numerosas enfermedades; sensores
implantables controlarán las constantes bioquímicas
del cuerpo para detectar el inicio de tumores,
infecciones o problemas cardiovasculares. Las
computadoras podrán incorporar “biochips” con
moléculas orgánicas y tener una velocidad millones de
veces superior a la actual[xxxix].
Las nuevas tecnologías convergen y se potencian en
muchos aspectos. La nanocomputadora es una computadora
con circuitos tan pequeños que sólo son visibles
mediante un microscopio, y puede ser tanto electrónica
como bioquímica u orgánica, como en el caso de la
nanocomputadora de ADN. Albert Fert y Peter Grünberg
recibieron los Premios Nobel de Física en 2007 por el
empleo de capas nanométricas apiladas en la estructura
de los discos de computación. En la medicina del
futuro, la documentación completa del ADN indicará el
tratamiento más adecuado en cada caso. La
pirosecuenciación (o secuenciación por síntesis) usa
la nanotecnología y es capaz de secuenciar más de 100
millones de bases[xl]
en menos de diez horas, con una fiabilidad del 99,99
por ciento. La metagenómica investiga el genoma del
conjunto de comunidades enteras de microbios ‑más que
de especies individuales‑, con el propósito de
descubrir genes de interés especial, y mediante la
nanotecnología secuencia los genomas a altísima
velocidad. Y así sucesivamente.
El uso tecnológico de los elementos
magnéticos comenzó con la brújula a partir del siglo
XIV. Aplicando la nanotecnología el Laboratorio de
Sólidos Amorfos de la Facultad de Ingeniería de la UBA
‑dirigido por el doctor Hugo Sirkin‑ ha desarrollado
superimanes de muy alta prestación, enorme posibilidad
de compactación y considerable ahorro de energía[xli].
Sobre la importancia de la nanotecnología, la Decisión
del Consejo de la Comunidad Europea del 19 de
diciembre de 2006 en el Programa Marco de Acciones de
Investigación, Desarrollo Tecnológico y Demostración
estableció que “La competitividad de la industria del
futuro dependerá en gran medida de las nanotecnologías
y de sus aplicaciones. La investigación y desarrollo
tecnológicos en nanociencias y nanotecnologías y su
incorporación a varios sectores podrán acelerar la
transformación de la industria europea”.
d) La Cognociencia.
11.- Hasta el siglo XX el trabajo era eminentemente
manual y físico, y la manufactura de materiales para
construir el mundo era la principal fuente de ingresos
y el eje central de la sociedad, en tanto las
aspiraciones intelectuales y el trabajo mental
quedaban relegados a unos pocos privilegiados. A
principios del siglo XX apareció en escena de la
electricidad y, con ella, los medios de comunicación
de masas que, con su gran desarrollo, introdujeron una
nueva materia prima que no es posible asir con las
manos, medir o cortar para vender al peso, pero a la
que se puede poner precio. Se trata de material
procesable por el cerebro, de datos, de información,
de material destinado a hacer funcionar la mente, no
el cuerpo.
En el siglo XVII Descartes sostuvo que la mente y el
cuerpo son entidades totalmente separadas[xlii],
pero el punto de vista actual entiende que todo lo que
sucede en la mente se deriva de procesos en el
cerebro, aunque los científicos recién están
comenzando a desentrañar estos procesos.
Los seres humanos tenemos capacidades o habilidades
cognitivas o mentales, que nos permiten razonar,
actuar de manera racional en pos de objetivos, ver
objetos, reconocerlos, formarnos imágenes mentales de
ellos, comprender el lenguaje, comunicarnos, inventar,
diseñar. El objeto de la ciencia del conocimiento son
las capacidades del cerebro para el conocimiento y en
particular el razonamiento humano. La interpretación
de la naturaleza del conocimiento humano requiere de
la actuación interdisciplinaria de científicos en
computación e informática, sicología, filosofía,
lingüística y neurociencia para establecer las bases
sicológicas, computacionales y neurocientíficas del
conocimiento y de las bases del pensamiento,
estudiando temas como la inteligencia artificial[xliii],
la linguística computacional, la psicología y la
filosofía del conocimiento.
En esta línea de investigación se puede llegar a
resultados sorprendentes. Científicos de las
Universidades de Nueva York y de California,
realizaron una prueba destinada a
medir la destreza para romper la respuesta habitual de
varias personas que eran examinadas mediante un
electroencefalograma mientras se les pedía que
apretaran repetitivamente botones; con el resultado de
la prueba sugirieron que la
orientación política se vincula con el modo en
que el cerebro procesa la información: la diferencia
entre los juicios de los
conservadores -que son más estructurados y
persistentes- y los juicios de los liberales -que son
más abiertos a las nuevas experiencias- respondería
por lo tanto a diferencias en las funciones
neurocognitivas generales[xliv].
Se ha sugerido que en cierto tiempo podrán
transmitirse los pensamientos a una computadora
mediante una banda ancha y que también habrá cerebros
artificiales. Pero “los cerebros artificiales de
primera generación serán tan amorales como nuestros
animales domésticos o un niño: sólo inteligencia en
bruto y capacidad de lenguaje [...]; los primeros
modelos podrían ser listos y habladores sin ser
prudentes ni juiciosos, una combinación muy peligrosa,
potencialmente sociopática”
[xlv].
3.
Perspectivas éticas y jurídicas
12.- La Decisión del Consejo de la Comunidad Europea
del 19 de diciembre de 2006 en el Programa Marco de
Acciones de Investigación, Desarrollo Tecnológico y
Demostración ha dispuesto que en esas actividades “se
respetarán los principios éticos fundamentales”, entre
ellos los recogidos en la Carta de los Derechos
Fundamentales de la UE (protección de la dignidad y la
vida humanas, de los datos personales y la intimidad,
así como de los animales y el medio ambiente),
incluyendo los convenios, directrices y códigos de
conducta internacionales aplicables ‑entre otros‑ la
Declaración de Helsinki, el Convenio del Consejo de
Europa relativo a los Derechos Humanos y la
Biomedicina (Oviedo, abril de 1997)[xlvi],
la Convención de las Naciones Unidas sobre los
Derechos del Niño, la Declaración Universal sobre el
Genoma Humano y los Derechos Humanos adoptada por la
unesco, la Convención de las Naciones Unidas sobre armas
bacteriológicas y toxínicas, el Tratado Internacional
sobre Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la
Agricultura y las resoluciones aplicables de la
Organización Mundial de la Salud (OMS).
Ese marco axiológico ha sido desarrollado en numerosas
normas y declaraciones internacionales respecto del
modo en que corresponde llevar adelante el desarrollo
científico-tecnológico. Iremos viendo algunas de
ellas.
13.- La
Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información
(Ginebra, 2003) asumió el compromiso “de construir una
Sociedad de la Información centrada en la persona,
integradora y orientada al desarrollo, en que todos
puedan crear, consultar, utilizar y compartir la
información y el conocimiento, para que las personas,
las comunidades y los pueblos puedan emplear
plenamente sus posibilidades en la promoción de su
desarrollo sostenible y en la mejora de su calidad de
vida, sobre la base de los propósitos y principios de
la Carta de las Naciones Unidas y respetando
plenamente y defendiendo la Declaración Universal de
Derechos Humanos” (nº 1), y dispuso que “Todos los
actores de la Sociedad de la Información deben adoptar
las acciones y medidas preventivas apropiadas, con
arreglo al derecho, para impedir la utilización
abusiva de las TIC (Tecnologías de la Información y la
Comunicación), tales como actos ilícitos o de otro
tipo motivados por el racismo, la discriminación
racial, la xenofobia, y las formas conexas de
intolerancia, el odio, la violencia, todo tipo de
maltrato de niños, incluidas la pedofilia y la
pornografía infantil, así como la trata y la
explotación de seres humanos” (nº 59).
Una interesante manifestación de ese criterio
humanista resulta de la Directiva Europea 95/46
relativa al sistema de tratamiento de datos, que
señala expresamente que tal sistema “está al servicio
del hombre”, y debe “respetar las libertades y
derechos fundamentales de las personas físicas” y
“contribuir al progreso económico y social, al
desarrollo de los intercambios, así como al bienestar
de los individuos”.
14.- “La aplicación de la ciencia a la
alteración de los genes o del cerebro bien puede
cambiar la configuración de la vida humana. Al ser
tanto lo que está en juego, carecería de justificación
que procediéramos sin objetivos definidos”[xlvii].
Respecto de la biotecnología, el "Código de Nüremberg"
de la Asociación Médica Mundial (1947) estableció que
"El hombre no puede ser un objeto para la ciencia". En
la Declaración de Edimburgo de su 52ª Asamblea General
(octubre de 2000) la misma Asociación estableció en
igual sentido que “en la investigación médica, es
deber del médico proteger la vida, la salud, la
intimidad y la dignidad del ser humano” (principio
10º). También corresponde atender a estos principios
de la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos
Humanos (Unesco,
19 de octubre de 2005): “Se habrán de respetar
plenamente la dignidad humana, los derechos humanos y
las libertades fundamentales” (art. 3.1); Es necesario
el “previo consentimiento libre e informado de la
persona interesada” para “toda intervención médica
preventiva, diagnóstica y terapéutica” así como “para
la investigación científica”, requiriéndose que la
información sea “adecuada, facilitarse de forma
comprensible e incluir las modalidades para la
revocación del consentimiento” (art. 6); “Se deberían
tener debidamente en cuenta las repercusiones de las
ciencias de la vida en las generaciones futuras, en
particular en su constitución genética” (art. 16).
La Declaración Internacional sobre los Datos Genéticos
Humanos (Unesco,
16 de octubre de 2003) tiene como objetivo “velar por
el respeto de la dignidad humana y la protección de
los derechos humanos y las libertades fundamentales en
la recolección, el tratamiento, la utilización y la
conservación de los datos genéticos humanos[xlviii],
los datos proteómicos humanos[xlix]
y las muestras biológicas de las que esos datos
provengan”, y dispone que “la recolección, el
tratamiento, la utilización y la conservación de datos
genéticos y datos proteómicos humanos y de muestras
biológicas deberán ser compatibles con el derecho
internacional relativo a los derechos humanos”; rige
“el tratamiento, la utilización y la conservación de
datos genéticos, datos proteómicos humanos y muestras
biológicas, excepto cuando se trate de la
investigación, el descubrimiento y el enjuiciamiento
de delitos penales o de pruebas de determinación de
parentesco, que estarán sujetos a la legislación
interna que sea compatible con el derecho
internacional relativo a los derechos humanos” (art.
1). Asimismo, las
consecuencias éticas y sociales de las investigaciones
sobre el genoma humano “imponen a los investigadores
responsabilidades especiales de rigor, prudencia,
probidad intelectual e integridad, tanto en la
realización de sus investigaciones como en la
presentación y utilización de los resultados de éstas”[l].
El Convenio de Bioética del Consejo de Europa (Oviedo,
abril de 1997), “prohíbe toda forma de discriminación
de una persona a causa de su patrimonio genético” (art.
11); dispone que “sólo podrán hacerse pruebas
predictivas de enfermedades genéticas o que permitan
identificar al sujeto como portador de un gen
responsable de una enfermedad, o detectar una
predisposición o una susceptibilidad genética a una
enfermedad, con fines médicos o de investigación
médica y con un asesoramiento genético apropiado” (art.
12); que “únicamente podrá efectuarse una intervención
que tenga por objeto modificar el genoma humano por
razones preventivas, diagnósticas o terapéuticas y
sólo cuando no tenga por finalidad la introducción de
una modificación en el genoma de la descendencia” (art.
13); y que “no se admitirá la utilización de técnicas
de asistencia médica a la procreación para elegir el
sexo de la persona que va a nacer, salvo en los casos
en que sea preciso para evitar una enfermedad
hereditaria grave vinculada al sexo” (art. 14).
Asumiendo un tratamiento jurídico especial para la
célula germinal de la que deriva la descendencia, el
Proyecto de Código Civil de 1998 dispuso: “Artículo
111. Prácticas eugenésicas. Quedan prohibidas
las prácticas eugenésicas tendientes a la selección de
genes, sexo o caracteres físicos o raciales de seres
humanos. Ninguna modificación puede ser realizada a
los caracteres genéticos con la finalidad de alterar
los caracteres de la descendencia de la persona, salvo
que tenga por objeto exclusivo evitar la transmisión
de enfermedades o la predisposición a ellas. Es
prohibida toda práctica que afecte la integridad de la
especie humana, o que de cualquier modo tienda a la
selección de las personas, o la modificación de la
descendencia mediante la transformación de los
caractéres genéticos. Quedan a salvo las
investigaciones que tiendan a la prevención y
tratamiento de enfermedades genéticas”. El
art.
16-10 del Código Civil francés, introducido por la Ley
nº 94-653, dispone que “El estudio genético de las
características de una persona sólo puede realizarse
con fines médicos o de investigación científica.
Previamente a la realización del estudio debe
obtenerse el consentimiento de la persona”.
Conforme a la
Declaración
Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos
Humanos de la
Unesco del
11 de noviembre de 1997, “Nadie
podrá ser objeto de discriminaciones fundadas en sus
características genéticas, cuyo objeto o efecto sería
atentar contra sus derechos humanos y libertades
fundamentales y el reconocimiento de su dignidad” (art.
6). En el mismo sentido, el
art. 16-13
del Código Civil francés, introducido por la Ley nº
2002-303, establece que “Nadie podrá ser objeto de una
discriminación fundada en sus características
genéticas”.
En ese marco conceptual, la citada
Declaración
Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos
Humanos de la
Unesco dispone que “Toda
persona tendrá derecho, de conformidad con el derecho
internacional y el derecho nacional, a una reparación
equitativa de un daño del que pueda haber sido
víctima, cuya causa directa y determinante pueda haber
sido una intervención en su genoma” (art. 8).
15.- La ya mencionada Decisión del Consejo de la
Comunidad Europea del 19 de diciembre de 2006 en el
Programa Marco de Acciones de Investigación,
Desarrollo Tecnológico y Demostración, respecto del
cerebro y las enfermedades relacionadas con el cerebro
ha señalado como objetivos ‑en la perspectiva de
respeto de “los principios éticos fundamentales”‑
“comprender mejor la estructura y la dinámica
integradas del cerebro, estudiar las enfermedades
cerebrales, incluidas las relacionadas con la edad
(por ejemplo, la demencia y la enfermedad de
Parkinson) y buscar nuevas terapias”, así como
“obtener una comprensión global del cerebro mediante
la exploración de las funciones cerebrales, de las
moléculas a la cognición, incluida la neuroinformática
y la disfunción cerebral, de los problemas sinápticos
a la degeneración neuronal”, mediante el abordaje de
“las enfermedades y los trastornos psiquiátricos y
neurológicos, incluyendo planteamientos terapéuticos
regenerativos y restauradores”.
El hombre puede incorporar información, conocimiento,
know-how, tradiciones, objetos cognitivos,
igual que un libro o una computadora; los libros de
una biblioteca son reparados cuando lo necesitan, una
computadora es revisada y reparada periódicamente.
Pero “infortunadamente, no siempre se le dan los
mismos derechos y reconocimiento moral ni al contenido
cognitivo ni a la piel de los seres humanos”[li].
4.- Tiempo de pensar
16.- No es dudoso que el avance científico-tecnológico
ocurrido a partir de la mundialización da un perfil
especial a estos tiempos, y permite a algunos sectores
sociales acceder a situaciones ventajosas en lo que
concierne al confort[lii],
al cuidado de la salud mediante medicinas, técnicas y
aparatos nuevos, a liberarse de trabajos penosos, en
general, al mejoramiento de la calidad de vida y a la
prolongación de su duración. Pero la totalidad de la
población recibe el impacto de escorias como la
contaminación ambiental, que puede provenir de casi
todo: del aire, del agua, de la tierra, de productos
minerales y químicos, de las redes de energía, de los
sonidos, de las imágenes. Si el hombre actuara
cabalmente como tal y no como mero homo aeconomicus,
y estuviera preocupado como corresponde por los
intereses de la comunidad y por las circunstancias de
su habitat actual y del mundo del futuro, esa
contaminación no alcanzaría los límites a los que ha
llegado, afectando a todos, pero con mayor intensidad
a los más débiles. El 11 de diciembre de 1997 se firmó
en Kyoto (Japón) el protocolo de la Convención Marco
de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático,
tendiente a evitar que continúe el recalentamiento de
la Tierra; entró en vigor en febrero de 2005, pero fue
rechazado por los Estados Unidos de América, que es el
mayor emisor de gases de efecto invernadero.
Tampoco es dudoso que quienquiera pretendiera oponerse
a los avances del desarrollo tecnológico sufriría el
mismo fracaso que los luddistas ingleses de
principios del siglo XIX en su revuelta contra el
naciente maquinismo. Estamos en los tiempos de la que
la Unesco
denomina “sociedad del conocimiento” o “sociedad del
saber”[liii],
y la directriz I+D (Investigación más
Desarrollo) actualmente ha sido ampliada a I+D+I
(Investigación más Desarrollo más Innovación)
-criterio apoyado en Argentina por la ley 25.467 de
Ciencia, Tecnología e Innovación‑, lo cual hace
previsible que continúe y se acentúe la interacción
entre la ciencia, como saber que pretende clausurar
controversias mediante la certidumbre y aportar
conclusiones consideradas definitivas, y la
investigación, que a menudo suele alimentar esas
controversias y abrir nuevos horizontes de
incertidumbre.
Pero “los
avances de la ciencia, la técnica, la industria, la
economía, que actualmente propulsan la nave espacial
Tierra, no son regulados ni por la política, ni por la
ética”, por lo cual
el
progreso científico e industrial permitió la
producción y la proliferación de armas de destrucción
masiva, nucleares, químicas y biológicas y generó un
proceso de deterioro de la biosfera, y se amplió el
círculo vicioso entre crecimiento y degradación
ecológica[liv].
Hace años señalé que cuando se le preguntó a Wilhelm
Röentgen, el descubridor de los rayos X, “¿Qué pensó
usted cuando descubrió esos rayos?", su respuesta fue
arquetípica: "No pensé, experimenté"[lv].
Desde la trinchera de la ciencia se dice: "déjennos
hacer" y se utilizan argumentos como éste: "¿debió
impedirse la difusión del invento de la rueda porque,
usándola, los automóviles iban a ser contaminantes
para el ecosistema?".
En el monólogo final de “Vida de Galileo” Bertolt
Brecht hace decir a su personaje: “El único fin de la
ciencia consiste en aliviar la miseria de la
existencia humana. Si los científicos se dejan
atemorizar por los tiranos y se limitan a acumular el
conocimiento por el conocimiento mismo, la ciencia se
convertirá en un inválido y las nuevas máquinas sólo
servirán para producir nuevas calamidades. Tal vez,
con el tiempo, ustedes lleguen a descubrir todo lo que
hay para descubrir, pero ese progreso sólo los alejará
más y más de la humanidad. Y el abismo entre ella y
ustedes los científicos puede llegar a ser tan
profundo que cuando griten de felicidad ante algún
nuevo descubrimiento, el eco les devolverá un alarido
de espanto universal”.
Para los desarrollos científico-tecnológicos Hans
Jonas ha propuesto la regla in dubio pro malo,
porque “acerca de lo malo no tenemos duda
alguna cuando lo experimentamos; acerca de lo bueno
adquirimos seguridad, la mayoría de las veces, sólo
por el rodeo del mal”[lvi].
También se ha enarbolado el principio de precaución,
que nació con el objetivo de situar al medio ambiente
en el centro de las políticas públicas y fue
consagrado como tal en el principio 15º de la
Declaración de Río sobre el Medio Ambiente y el
Desarrollo de la Eco’92[lvii],
siendo extendido luego a otras áreas como la salud
pública y la alimentación. La aplicación del principio
de precaución requiere que, ante la probabilidad de
que una hipótesis de daño sea exacta, se comparen
desde distintos enfoques ‑incluido el de los costos
económicos y sociales‑ las consecuencias de actuar
para evitarlo con las consecuencias de no hacerlo[lviii].
Seguramente hay que buscar el equilibrio entre los
extremos, pero teniendo presente que éste es tiempo de
principios y de valores, de principios con carácter
axiológico que privilegian a lo que es bueno, y de
valores con carácter deontológico que privilegian al
deber ser[lix].
La Declaración sobre la Ciencia y el Uso del Saber
Científico adoptada por la Conferencia Mundial sobre
la Ciencia de la
Unesco (Budapest, julio de 1999) señaló con
precisión que, “Además de sus ventajas manifiestas,
las aplicaciones de los avances científicos y el
desarrollo y la expansión de la actividad de los seres
humanos han provocado también la degradación del medio
ambiente y catástrofes tecnológicas, y han contribuido
al desequilibrio social o la exclusión. Un ejemplo: el
progreso científico ha posibilitado la fabricación de
armas muy perfeccionadas, lo mismo tradicionales que
de destrucción masiva”.
Vuelvo a citar a Jonas: no es suficiente hacer las
cosas con la diligencia del deber cumplido, se
requiere ante todo ser responsable con la sociedad en
que se vive. La Declaración Mundial sobre la Educación
Superior en el Siglo XXI de la Conferencia Mundial
sobre la Educación Superior (Unesco,
Paris, octubre de 1998) estableció que “La
práctica de la investigación científica y la
utilización del saber derivado de esa investigación
deberían estar siempre encaminadas a lograr el
bienestar de la humanidad, y en particular la
reducción de la pobreza; respetar la dignidad y los
derechos de los seres humanos, así como el medio
ambiente del planeta; y tener plenamente en cuenta la
responsabilidad que nos incumbe con respecto a las
generaciones presentes y futuras”. Es imperioso tener
presente que “ha llegado el tiempo de reconocer que el
desarrollo sustentable, la democracia y la paz son
indivisibles”[lx].
17.- Recuerdo una experiencia personal muy intensa,
que me ha movido a relatarla varias veces.
Hace unos 15 años se llevó a cabo en Perú un
importante congreso jurídico internacional. Yo había
leído con fruición toda la literatura por entonces
disponible sobre el avance científico, la explosión
tecnológica, la prospectiva del milenio nuevo. Me
llegó el turno de hablar y manifesté entusiasmado que
son contemporáneos nuestros casi la totalidad de todos
los científicos que produjo la humanidad, porque
serían unos 100 en el siglo XVII, unos 2.000 a fines
del siglo XIX, y hoy habría unos 20 millones en todo
el mundo. Entonces recibí una lección: un sabio
romanista italiano me replicó que, precisamente, esa
era una de las causas de nuestros males, porque sólo
son nuestros contemporáneos un porcentaje mínimo de
los filósofos de la historia.
El desdeño por este tipo de pensamiento crítico ‑que
es propio de las que suelen ser calificadas tan
menospreciativa como injustificadamente como
ciencias blandas‑ resulta de un arrogante
pensamiento de Ernest Rutherford, considerado el padre
de la física nuclear y premio Nobel de Química en
1908: “La ciencia o es física o es coleccionar
estampillas”[lxi].
Con el mismo sesgo cientificista alguien ha llegado a
decir entre nosotros que “los cargos más altos de la
política deben ser llevados adelante por gente que no
provenga ni de la política profesional ni de la
abogacía, sino que tenga una formación científica”[lxii].
La respuesta adecuada a esos lamentablemente
generalizados exabruptos proviene de la
Unesco,
que propugna asignar a “las ciencias sociales” una
"función prevalente en el análisis de las
transformaciones relacionadas con la evolución
científica y tecnológica y en la búsqueda de
soluciones a los problemas que ese proceso provoca”[lxiii].
Es tiempo de darse cuenta del error de creer que “lo
que no pertenece a la naturaleza no es ciencia”, pues
“no hay ciencias duras o ciencias blandas en los
términos de una presunta antinomia, ¡hay ciencia o no
hay ciencia!”[lxiv].
Y también de advertir la relevancia de que en la
comprensión de los fenómenos las ciencias sociales no
se limitan a la relación causa-efecto proveniente de
la observación, sino que agregan una explicación
valorativa de la relación medios-fines, que ni los
cientificistas ni los tecnócratas consideran en su
discurso o en su acción.
18.- Con palabras de de Sousa Santos: “Cuando lo
deseable fue imposible cedió su puesto a Dios; cuando
lo deseable fue posible cedió su puesto a la ciencia.
Ahora, que una parte de lo deseable es de nuevo
imposible y una parte de lo posible no es ya deseable,
no podemos contar ni con Dios ni con la ciencia. Sólo
podemos contar con nosotros mismos”[lxv].
Pero a tal fin debemos resistirnos a ser “simples
objetos en este Titanic sin piloto” que parece ser el
Mundo de hoy, pues resulta necesario “cambiar y ser
sujetos”[lxvi].
Propongo arremeter contra lo que Ullrich Beck alude
como “esclerosis conceptual dominante”[lxvii].
Sugiero que es tiempo de las grandes preguntas: ¿Qué
es lo bueno?. ¿Qué es lo malo?. ¿Por qué?. ¿Para qué?.
¿Para quién?. ¿Qué y quién se beneficia?. ¿Qué y quién
se perjudica?[lxviii].
Las respuestas no pueden ser extraídas solamente de
algunos principios apriorísticos de códigos
deontológicos que pueden ser aprendidos de memoria,
porque la ética no queda reducida a los enunciados de
un manual de casos abstractos sino que está sujeta a
ciertas circunstancias de la realidad que determinan
su consistencia y sus condicionantes.
Si, como piensa Mario Bunge, “los políticos y los
empresarios son los responsables de que la ciencia y
la tecnología se empleen en beneficio de la humanidad”[lxix],
determinar cómo se usa la ciencia de modo racional,
eficaz y valioso es tema de la filosofía política, y
ello exige superar la tendencia
generalizada a baratear al Derecho, al que muchos
economicistas quieren degradar porque sienten a las
normas jurídicas como un obstáculo para su ofuscada
búsqueda de eficiencia, y muchos cientificistas
quieren rebajar porque ponen en contradicción lo que
ellos hacen ‑que es investigar e inventar sin
reconocer límites ni ataduras- con los paradigmas de
lo jurídico, que son la centralidad de la persona y
los derechos humanos y la supremacía de los valores.
Desde lo jurídico debemos tener mucha firmeza en las
convicciones y en la acción, porque en sistemas en los
que predominan las corporaciones y se desvanece la
política ‑privándosela así de su función integradora‑
todo puede llegar a depender de la presión de los
intereses sectoriales. Como he sugerido antes de ahora[lxx]
es preciso enaltecer al ser humano mediante criterios
que sirvan a los principios de justicia y de bien
común, y contando a tal fin con el empeño de juristas,
pero también de filósofos, de sociólogos, de
moralistas, de economistas sin economicismos, de
profesionales de la salud, de técnicos en general, de
políticos, de comunicadores sociales y de todos
quienes estén fuertemente comprometidos con la
condición humana y con su eje en la dignidad[lxxi],
porque dignus es lo valioso.
Es precisamente lo que ‑como vimos‑ proclamó el ya
mencionado Encuentro de Arlington sobre tecnologías
convergentes: el nuevo desarrollo “deberá ser
gobernado por el respeto por el bienestar humano y la
dignidad”.
* Versión completa
del Discurso Inaugural del “IX Congreso
Internacional de Derecho de Daños. Derecho
Tecnológico”, Asociación de Abogados de Buenos
Aires y Facultad de Derecho de la Universidad de
Buenos Aires, 11 de octubre de 2007.
[i] Piénsese
por ejemplo que los primeros compradores de
automóviles se limitaron a adquirir la última
maravilla tecnológica, pero el incremento de su
número modificó el modo de vida en la ciudad, y
dio lugar a las ciudades satélite y a las ciudades
dormitorio: Conseil de la Science et de la
Technologie, “Miser sur le savoir.
La
culture scientifique et technologique”, Québec,
1994, pág. 59,
http://www.sciencepourtous.qc.ca/references/sondages/cstQc1994.pdf.
[ii] Pueden
ser agregados muchos otros cambios: financieros,
organizacionales, comerciales, culturales, en el
trabajo, así como nuevos modos de relación entre
las universidades, las empresas y el Estado:
Limoges, C., “De la politique des sciences à la
politique de l’innovation: l’État incertain”, en
Leclerc, M. (dir.), Les enjeux économiques et
politiques de l’innovation, Presses de
l’Université du Québec, 1990, pág. 61.
[iii] Sirinelli,
P., “Introduction”, en Cour de Cassation, Rapport
Annuel 2005: L’innovation technologique, La
documentation française, Paris, 2006, pág. 45.
[iv] Ellul,
J., "The Technological Society", London, 1965;
Jonas,
K, “The Imperative of Responsability. In Search of
an Ethics for the Technological Age”, Chicago,
1985 (“El principio de responsabilidad.
Ensayo de una ética
para la civilización tecnológica”, trad. Javier M.
Fernández Retenaga, Barcelona, 1995); Messina de
Estrella Gutiérrez, G. N., “La responsabilidad
civil en la era tecnológica”, Buenos Aires, 1989.
Sobre otras denominaciones aignadas a ese
fenómeno, ver Alterini, A. A., “Cultura y Derecho
Privado”, en Estudios de Derecho Civil, Buenos
Aires, 2007, pág. 3.
[v] Lanata,
J., “ADN. Mapa genético de los defectos
argentinos”, Buenos Aires, 2004, pág. 89.
[vi] En
el siglo XVII el viaje de Mendoza a Córdoba
insumía 20 días, y a Buenos Aires, 45 días.
[vii] China
decidió restringir, durante la edición 2008 de los
Juegos Olímpicos, la circulación de automóviles en
Beijing, ciudad en la que se miden los niveles de
dióxido de nitrógeno más altos del planeta:
Reuters, cable del 10.08.2007.
[ix]
Mishan, E. J., “Falacias económicas populares”,
trad. R. Pérez Pita, Buenos Aires, 1984, pág. 93.
[x] Los
frenos de disco fueron patentados en 1902 y
aplicados en las cuatro ruedas por la Chrysler en
1950; la BMW incorporó el parabrisas con cristal
de seguridad en 1930; la Volvo incorporó difusores
antivaho en el parabrisas en 1954, cinturones de
seguridad en los asientos delanteros en 1956 y en
los asientos traseros en 1960, bloqueo para los
niños de las puertas traseras en 1966, asientos de
seguridad para niños en 1972, la columna de
dirección deformable en 1973 y las luces
antiniebla traseras y delanteras en 1978; la Volvo
y la Mercedes incorporaron apoyacabezas en 1968;
el airbag fue introducido por la Mercedes
en 1980, extendiéndolo al acompañante en 1987, y
en 1994 la Volvo presentó los airbag
laterales; el paragolpes de plástico fue
introducido en 1985 y disminuyó la magnitud de los
impactos frontales; en 1993 la Mercedes incorporó
la barra de protección lateral; en 1999 un
Cadillac presentó el primer sistema de visión
nocturna y un Saab el apoyacabeza activo que
mejora su prestación ante una colisión trasera.
Últimamente, la Nissan introdujo el control
dinámico para mantener la estabilidad de la
dirección del vehículo incluso si el conductor
comete errores de manejo, y el control automático
de tracción que monitorea las condiciones del
terreno y distribuye la tracción entre las ruedas;
la BMW, luces
inteligentes que
se proyectan mejor en la carretera
y mejoran la visibilidad y sistemas de
estabilización que operan articuladamente los
sistemas de mando de tracción y frenos
antibloqueo, mejora que también incorporó la
Mercedes; la Audi, un radar que alerta al
conductor cuando se aproxima otro vehículo,
control con aviso de colisión para que el
conductor siempre tenga distancia para frenar el
vehículo en caso de una emergencia y un sistema de
estacionamiento con sensores que previenen la
posibilidad de un choque.
[xi] Cour
de Cassation, 13 de febrero de 1930, “Jand’heur c/
Galeries Bellfortaises”, Recueil périodique et
critique Dalloz, 1930, 1ère. partie, pág. 57.
[xii] Borda,
G. A., "La reforma del Código Civil:
Responsabilidad extracontractual (I)", en E.D., tº
30, pág. 809, nº 4.
[xiii]
Cámara Civil 1º, G.F. 68-61.
[xiv] Cámara
de Rosario, J.A. 31-359.
[xv] Bunge,
M., “La ciencia. Su método y su filosofía”, 5ª ed.,
Buenos Aires, 2005, pág. 11.
[xvi] Latour,
B., “Science in Action: How to Follow Scientists
and Engineers through Society”, Open University
Press, 1987.
[xvii] Se
considera investigación al trabajo creativo
llevado a cabo sobre una base sistemática que
contiene un elemento apreciable de novedad y la
resolución de una incertidumbre científica y/o
tecnológica, la cual no es aparente para alguien
familiarizado con el stock de conocimiento del
área respectiva y con las técnicas comúnmente
usadas en ella. Se considera investigación
científica básica al trabajo teórico o
experimental que tiende fundamentalmente a la
exploración teórica para obtener un conocimiento
general y la comprensión de los fundamentos que
subyacen en los fenómenos y los hechos observados,
con aptitud para resolver problemas prácticos pero
sin dar respuesta concreta a ninguno de ellos. Se
considera investigación científica aplicada a la
que se lleva a cabo para adquirir un nuevo
conocimiento para su utilización práctica en la
producción o la comercialización. La investigación
tecnológica incluye el desarrollo experimental,
que es un trabajo sistemático, basado en el
conocimiento resultante de la investigación y la
experiencia práctica, dirigido a la transformación
de una idea en la producción de nuevos materiales,
productos o dispositivos, en la instalación de
nuevos procesos operativos, sistemas o servicios,
o en el mejoramiento sustancial de los que ya son
producidos o están instalados.
[xviii]
Que tiene estas manifestaciones: “conocimiento de
los principales hechos científicos o de los
mayores descubrimientos, comprensión de un
vocabulario de base y de qué es una gestión
científica, una visión del mundo apoyada en la
racionalidad, interés por las posturas que rodean
la evolución de los sistemas científicos y
tecnológicos, en especial en cuanto sus impactos
sobre el desarrollo social y económico”: Conseil
de la Science et de la Technologie, “Miser sur le
savoir.
La
culture scientifique et technologique”, Québec,
1994, Avant-propos del Presidente Louis
Berlinguet, pág. 6.
Ver http://www.sciencepourtous.qc.ca/references/sondages/cstQc1994.pdf.
[xix] Conseil
de la Science et de la Technologie, “Miser sur le
savoir. La culture scientifique et technologique”,
cit., Avant-propos del Presidente Louis
Berlinguet, pág. 6.
[xx] Ducrocq,
A., “Hoy es el futuro”, trad. E. Guidiño Kieffer,
Buenos Aires, 1985.
[xxi]
Alterini, A. A., “Contornos actuales de la
responsabilidad civil”, Buenos Aires, 1987, pág.
17.
[xxii]
Wavell, S. - Wroe M., en The Sunday Times
(Londres), La Nación, ej. del 21.12.1999.
[xxiii] Suprema
Corte de los Estados Unidos de América en autos
“Janet Reno, Attorney General of the United States
et al, appellants v. American Civil
Liberties Union, et al”, sentencia Nº
96-511 del 26.06.97, 117 S.Ct. 2329,
521 U.S. 844 (1997).
[xxiv] Nimmer,
R. T., The Law of Computer Technology,
Boston-New York, 1985, § 12.05.
[xxv] Criminal
hacker, delincuente informático que viola la
seguridad de un equipo para beneficio personal o
para hacer daño a su objetivo.
“Un pirata informático logró jaquear los sistemas
de seguridad de una subcontratista de las empresas
Mastercard Internacional, Visa International y
American Express, entre otras, y robó los datos de
40 millones de clientes de estas tarjetas en los
Estados Unidos” (Clarín, ej. del 19.06.2005).
[xxvi] Conforme
al art. 128 del Cód. Penal según ley 25.087, “Será
reprimido con prisión de seis meses a cuatro años
el que produjere o publicare imágenes
pornográficas en que se exhibieran menores de
dieciocho años, al igual que el que organizare
espectáculos en vivo con escenas pornográficas en
que participaren dichos menores. En la misma pena
incurrirá el que distribuyere imágenes
pornográficas cuyas características externas
hiciere manifiesto que en ellas se ha grabado o
fotografiado la exhibición de menores de dieciocho
años de edad al momento de la creación de la
imagen. Será reprimido con prisión de un mes a
tres años quien facilitare el acceso a
espectáculos pornográficos o suministrare material
pornográfico a menores de catorce años".
[xxvii] Ferraro,
R. A., “La marcha de los locos. Entre las nuevas
tareas, los nuevos empleos y las nuevas empresas”,
Buenos Aires, 1999, pág. 47.
[xxviii] “En
el ámbito laboral al 34% lo stressa el e-mail”,
sobre la base de un estudio realizado en la
Universidad de Glasgow, La Nación, ej. del
23.09.2007.
[xxix] USA
Todas, el del 14.07.2007.
[xxx] Lumbroso,
C. “L’uomo delincuente studiato in rapporto alla
antropologia, alla medicina legale ed alle
discipline carcerarie”, Milano, 1876.
[xxxi] Guillebaud,
J.-C., “Le principe d’humanité”, París, 2001, pág.
281.
[xxxii] Es
de señalar que la
Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los
Derechos Humanos del
11 de noviembre de
1997 de la
Unesco establece que “No
deben permitirse las prácticas que sean contrarias
a la dignidad humana, como la clonación con fines
de reproducción de seres humanos“(art.
11).
[xxxiii] Iglesias,
G., “Los niños que mañana nacerán de la muerte”,
en La Nación, ej. del 04.01.1994.
[xxxiv] Sobre
esto, Alterini, A. A., “Hacia el Bioderecho”, en
Estudios de Derecho Civil, cit., pág. 69.
[xxxv] “Diamond
v. Chakrabarty”, 447 U.S. 303 (1980).
[xxxvi] Guillebaud,
J.-C., “Le principe d’humanité”, cit.;
http://www.monde-diplomatique.fr/2001/08/GUILLEBAUD/15460.
[xxxvii]
Taniguchi, N., "On the Basic Concept of «Nano
Technology»", International Conference on
Production Engineering,
Tokio, 1974.
[xxxviii] Un
nanómetro es la mil millonésima parte de un metro,
o la millonésima parte de un milímetro.
[xxxix] Aguirre
de Carcer, A., “Los ordenadores serán un millón de
veces más rápidos con los futuros «biochips»”, en
ABC, ej. del 27.02.2000.
[xl] Compuestos
orgánicos que integran las cadenas de ADN.
[xli] “La
Nación”, ej. del 17.09.2007.
[xlii] Descartes,
R., “El tratado del hombre”, trad. G. Quintás,
Madrid, 1990; “Meditaciones metafísicas con
objeciones y respuestas”, trad. E. López y M.
Graña, Madrid, 1997.
[xliii] La
discusión sobre la posibilidad de una inteligencia
artificial fuerte, que pueda reproducir
mecánicamente la actividad mental es añeja: ver
Jefferson, G., “The mind of mechanical man”, The
Lister Oration delivered at the Royal College of
Surgeons of England on 9 June 1949, en the British
Medical Journal, vol. 1, junio de 1949; Turing, A.
M., ”Computing machinery and intelligence”, 1950,
en Mind, vol. LIX, Nº 36 (1950), pág. 433 y
“Máquinas computadoras e
inteligencia” en Turing, A. M. - Putnam, H.
- Davidson, D., Mentes y máquinas, trad.
P.
Navarro, Madrid, 1985, pág. 11.
[xliv] Amodio,
D. M., Jost, J. T., Master, S. L., Yee, C. M., “Neurocognitive
correlates of liberalism and conservatism”, en
Nature Neuroscience, 09.09.2007.
[xlv] Calvin,
W. H., “How Brains
Think: Evolving Intelligence, Then and Now”,
Basic Books,
1997, cap. 8.
[xlvi]
En su art. 2, “Primacía del ser humano”, dispone
que “El interés y el bienestar del ser humano
deberán prevalecer sobre el interés exclusivo de
la sociedad o de la ciencia”.
[xlvii] Glover,
J., “El hombre prefabricado. Problemas éticos de
la ingeniería genética”, trad. M. Guastavino,
Barcelona, 1986, pág. 229.
[xlviii] Información
sobre las características hereditarias de las
personas, obtenida por análisis de ácidos
nucleicos u otros análisis científicos.
[xlix] Información
relativa a las proteínas de una persona, que
incluye su expresión, modificación e interacción.
[l] Unesco,
Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los
Derechos Humanos del
11 de noviembre de
1997, art. 13.
[li] Magnani,
L., “Moral Mediators - How artifacts make us
moral”, en I-lex.
Journal of Law, cognitive
science and artificial intelligence, nº 7,
2007, pág. 1,
http://www.i-lex.it/articles/volume3/issue7/magnani.pdf.
[lii] Como
la pantalla delgada como un papel para ver un
televisor inalámbrico, o un inversor de frecuencia
que permitirá eliminar ruidos y dormir con las
ventanas abiertas: de Riedmatten, E., “XXIe Siècle:
Les innovations qui vont changer notre vie”,
Paris, 2005.
[liii] Abdul
Waheed Khan (Subdirector General de la
Unesco
para la Comunicación y la Información), en
“Towards Knowledge Societies. An Interview",
Unesco,
18-07-2003. También Sakayya, T., “Historia del
futuro. La sociedad del conocimiento”, trad. C.
Gardini, Santiago de Chile, 1995.
[liv]
Morin, E.,
“Globalización: civilización y barbarie”, en
Clarín, ej. del 15.01.2002.
[lv]
Alterini, A. A., “Hacia el Bioderecho”, en
Estudios de Derecho Civil, cit., pág. 69.
[lvi] Jonas,
H., “El principio de responsabilidad. Ensayo de
una ética para la civilización tecnológica”, cit.,
pág. 65.
[lvii] “Con
el fin de proteger el medio ambiente, los Estados
deberán aplicar ampliamente el principio de
precaución conforme a sus capacidades. Cuando haya
peligro de daño grave e irreversible, la falta de
certeza científica absoluta no deberá utilizarse
como razón para postergar la adopción de medidas
eficaces en función de los costos para impedir la
degradación del medio ambiente”. En el Derecho
Internacional el principio nació en la Segunda
Conferencia Internacional sobre la Protección del
Mar del Norte (1987).
[lviii] Ver
Kourilsky, Ph. - Viney, G., “Le principe de
précaution”, Rapport au Premier Ministre, 15
Octobre 1999, en
http://lesrapports.ladocumentationfrancaise.fr/BRP/004000402/0000.pdf.
[lix]
Ver von
Wright, G. H.,
“La
lógica de la preferencia”, trad. R. J. Vernengo,
Buenos Aires, 1967.
[lxi] Cit.
por Coase, R., “El análisis económico en Chicago”,
en Themis, nº 44, 2ª época, Lima, Perú, 2002, pág.
15.
[lxii] Alberto
Kornblihtt, reportaje (“Las universidades privadas
son nada más que enseñaderos”) en La Nación, ej.
del 23.06.2007.
[lxiii] Unesco,
Conferencia Mundial sobre la Ciencia para el Siglo
XXI: Un nuevo Compromiso (Budapest, junio/julio de
1999).
[lxiv] Vanossi
J. R., “Ciencias «duras» y ciencias «blandas»:
¿Compartimientos estancos o apoyaturas
metodólogicas compartidas?”, Comunicación a la
Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas,
23 de julio de 2003, en http://www.ancmyp.org.ar/user/files/Ciencias_duras_y_ciencias_blandas-Vanossi-2003.pdf.
[lxv] de
Sousa Santos, B., “La Transición Posmoderna.
Derecho y política”, trad. M. J. Añon Roig, en
Doxa. Cuadernos de Filosofía del Derecho, nº 6
(1989), pág. 223.
[lxvi] Morin,
E., en el “Encuentro internacional «Ética y
Desarrollo» organizado en Washington por el B. I.
D., diciembre de 2000.
[lxvii] Beck,
U., “Teoría de la modernización reflexiva”, en
Beriain, J., (comp.), Las consecuencias perversas
de la modernidad. Modernidad, contingencia y
riesgo, trad. C. Sánchez Capdequí, Barcelona,
1996, pág. 228.
[lxviii] Ver,
entre muchos: Jonas, K., “El principio de
responsabilidad. Ensayo de una ética para la
civilización tecnológica”, cit.;
Singer, P., “One World:
The Ethics of Globalization”, 2nd. ed., Yale
University Press, 2004; Guillebaud, J.-C.,
“Le principe d’humanité”, cit.; Glover, J., “El
hombre prefabricado. Problemas éticos de la
ingeniería genética”, cit.; Bourcier, D -
Casanovas, P. (ed.), “Inteligencia artificial y
Derecho”, Barcelona, 2003; Bird, D. (ed.),
“Nanotechnology Challenges: Implications for
Philosophy, Ethics and Society”,
World Scientific
Publishing Co., 2006.
[lxix] Bunge,
M., op. cit., pág. 46.
[lxx]
Alterini, A. A., “Hacia un Geoderecho”, en
Estudios de Derecho Civil, cit., pág. 77.
[lxxi] El
Preámbulo de la Carta de las Naciones Unidas de
1945 “reafirma la fe en los derechos humanos
fundamentales, en la dignidad y el valor de la
persona humana”. Conforme al art. 11 de la
Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948
toda persona tiene derecho “al reconocimiento de
su dignidad”. En 1966 el Pacto Internacional de
Derechos Civiles y Políticos y el Pacto
Internacional de Derechos Económicos, Sociales y
Culturales declararon la “dignidad inherente a la
persona humana”. El art. II-61 de la Constitución
Europea dispone: “La dignidad humana es
inviolable. Será respetada y protegida”,
coincidiendo con el art. 1º de la Carta de los
Derechos Fundamentales de la Unión Europea
aprobada en Niza el 7 de Diciembre de 2000 por el
Parlamento Europeo, el Consejo y la Comisión.
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